Sobre lo candente de nosotros

La música habla de amor. El cine habla de amor. Los libros hablan de amor. El amor es, pues, un centro neurálgico de nuestra vida, con representaciones culturales diversas. El amor es, en última instancia, una abstracción plagada de preguntas. Una enfermedad con muchos síntomas. Una sopa de letras y un alúd de emociones. El amor, pese a tener su explicación científica (esas hormonas…) es una fuente incansable de historias, y de preguntas. A mí me surgen varias, por ejemplo: ¿Existe el amor desinteresado? ¿O acaso el amor es el egoísmo compartido de sentirse querido? ¿En que momento surge o se acaba y a raíz de qué? ¿Y por qué es el amor tan masoquista que no entiende un no por respuesta? ¿Y por qué tan ambicioso que siempre quiere más de lo que tiene? ¿Por qué tan posesivo que se traduce en celos? ¿Por qué tan paranoico que, a veces, lo que no ve, lo inventa? ¿Y por qué tan voluble que puede pasar de ser el origen de nuestros desvelos a evaporarse en el tiempo, como si nunca hubiera existido? No se a ustedes, pero a mí se me torna espeluznantemente turbador el olvido. El olvido es la nada. Es el anteacto de nuestra génesis y es el fin. Es un algo casi inconcebible en nuestra cosmovisión llena de concreciones y límites.

Y, ¿qué me dicen de la violencia?. Es otra constante en nuestra vida, convivimos con ella. ¿Es fruto de un defecto de empatía en el cerebro? ¿Tenemos todos ese lado oscuro?. ¿Por qué nos agredimos a nosotros mismos con tanta frecuencia? ¿Por qué necesitamos imponernos a los demás?. Supongo que es algo innato, basta con ver cómo se marginan los niños unos a otros en los colegios, cómo se convierten en pequeños dictadores con unos padres demasiado blandos. El pasado y el presente están marcados por historias de dominio: lucha por la supervivencia, guerras, religiones… El ansia de dominar debe de ser parte de nuestra naturaleza. De quienes aspiran al dominio intelectual pasando por quienes se conforman con dominar la moral, o el chisme, o a las personas. Están quienes tratan de dominar haciendo males de ojos, o dominarse a sí mismo poniéndole velas a un santo. Están quienes dominan con la palabra y quienes lo hacen con la fuerza. Hace no mucho, por el motivo que fuera, entraron a la casa de un amigo de mi hermano, un niño, y le pegaron una paliza al padre y al hijo. Hace menos aún, un familiar fue golpeado en su propia casa hasta quedar inconsciente. Si me permiten ser un poco infantil, me pregunto quién hizo que esa gente asesinara a su Pepito Grillo, o si nunca tuvieron uno.
El mundo está modelado por las pasiones humanas, por muchos ríos de tinta que hayan corrido a lo largo de la Historia. Las motivaciones, incluso las que impulsan al raciocinio, se gestan en el corazón, o en el alma, elijan la metáfora que prefieran. Ojalá y la felicidad de todos fuera la felicidad de todos. Me explico, para mí, el progreso del mundo (y del amor), la verdadera evolución, pasa por la empatía, por el de-igual-a-igual que tan incómodo nos resulta.

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