Arrivando a Dinamarca

Ya es mi segundo día en Dinamarca, pero vaya días. Después de una breve escala en Madrid (gracias por acogerme!! :)) y de una noche de dormir a trompicones por si no sonaba el despertador a tiempo para ir al aeropuerto, llegué a la terminal sorteándo los obstáculos que suponen las obras eternizadas de la capital y las escaleras del metro. Tocó buscar la terminal, (nada dificil, pues Barajas es ya, casi, como mi casa) y cambiar los euros a coronas (1 euro – 7, 30 coronas, creo que fue el cambio que me ofrecieron). Los 10 euros que me sobraron los gasté en un bocadillo de precios astronómicos (aunque sería algo barato a precio danés) y menos mal, porque en el avión no me dieron ni pipas.
El aterrizaje en Copenhague fue hermoso. El mar báltico, un barco pesquero, molinos de viento sobre el agua… y nubes grises que amenazaban tormenta, la cual cayó sobre mí cuando iba caminando a mi hostal, por supuesto. Por suerte conseguí hacerme con una mentora, una persona que te ayuda en tus primeros días, y ella me guió hasta el lugar donde tocaba dormir (porque los horarios de recogida de llaves en las residencias son bastante limitados) para por fin llegar al día siguiente a mi destino final. Aún así cargar con dos maletas bajo una lluvia jodida no fue fácil, y las calles empedradas, que tan bonitas parecen, son un engorro.
Lo mejor fue el hostal para backpackers, una habitación para sesenta personas, mixta, con gente de todas partes: todo inglés a mi alrededor. Estaba cansada y decidí que no quería socializarme, sólo hable con un chico ucraniano muy simpático y me di cuenta de que era capaz de mantener una conversación metafísica en otro idioma. La noche fue fabulosa, al miedo a que me robaran las maletas se sumaba que no tenía almohada, que el de al lado eructaba ruidosamente y se tiraba pedos sin pudor (en una de estas le dije medio dormida: ¡Aaaaaaaaay, no seas cerdo!, luego caí en que no me entendía, pero aún así dijo “sorry”). A las 11 se apagó la luz y fuera se oyeron risas hasta las 3. El de arriba entraba y salía sin parar, y abría y cerraba su taquilla, y sonaba como plástico, mi hipótesis es que vendía hierba, pero no estaban mis sentidos muy alerta así que es todo confuso. En fin, que no dormí una mierda.
Previamente había cenado con mi mentora a eso de las 6pm como es típico aquí, un sadwich de unos 8 euros, caro, pero muy rico, de salmón, pero con una salsa verde y unas semillas raras… y tan grande que no cabía en la boca. Hoy el almuerzo ha sido más normal, pero he descubierto que la gente come ramas de perejil… no lo pican!
Otra cosa que me ha llamado la atención es que en los baños hay que pagar, y que a veces en vez de papel hay una especie de toalla que se pliega según la vas usando… (y hablando de baños, como ya es tradición no se cómo va aquí el agua caliente y me he tenido que duchar a base de calderos de agua templada en la cocina).
El caso es que hoy hemos llegado al campus universitario, he venido con Noel, el otro erasmus de la complutense. A él, que venía con el pack familiar y por eso anoche durmió en hotel, no le dieron la llave de su residencia (horario: de 8 a 9 am) así que está aquí conmigo. Me he acoplado con ellos y hemos estado viendo la ciudad, a una parada de tren de aquí, porque estamos dentro del campo, como decía mi mentora: “in the middle of nowhere”.
Roskilde es una ciudad pequeña pero muy mona, con casitas típicas, muchas áreas verdes e incluso un fiordo. Hay un museo viquingo y una catedral donde están enterrados todos los reyes daneses desde el siglo XII, creo. No se, desde hace mucho tiempo. Espero poder, en un día de aburrimiento, ir a ver una misa protestante. Espero que la viveza de la ceremonia aplaque la sosez del edificio.
Volviendo al campus universitario, nos hemos puesto a andar y hemos encontrado un espectáculo pintoresco: un montón de púberes daneses borrachos de beber cerveza (seguro que con dos están que se caen con la poca frecuencia con que comen), con colchones hinchables dentro de las facultades, música a tope, subidos en mesas y sillas, bailando, incluso haciendo streaptease. Nos colamos por curiosear, pero estaban todos ellos a su bola, supongo que en una especie de fiesta pre-universitaria como los botellones de nuestra querida facultad, solo que a las 5 pm.
Las residencias están muy vacías, espero que llegue más gente a partir del 1 de septiembre. La chica con que comparto baño es muy rubia, apenas la vi de pasada, me dijo que volvería el jueves y que se alegraba de no estar sola. Cómo voy a extrañar el español… hablar en inglés hace que en parte pierdas la personalidad, tus palabrejas, tu acento… pero es útil. A ver qué tal se da mañana la 1ª clase, la introductoria, y cómo es la gente, y de dónde son. Dicen que la gente espera mucho para entrar a periodismo aquí, que hay muy pocas plazas, y que además se considera una carrera difícil: totalmente opuesto a españa! Igual que el método de estudio. Veremos qué tal.
Hacer la compra también ha sido una odisea, con todas esas latas incomprensibles: ¿Será esto café normal o descafeinado? ¿Ese precio será del pollo o de la carne picada?… En fin. También hay que hacer la traducción de precios, aunque a veces es mejor vivir en la ignorancia. Un café corto: 4 euros. Un bollo: 4 euros. Leche de la más barata: 1 euro. Galletas: 2 euros. Señor Hacendado… te echo de menos. Y hablando de cosas caras, los transportes, 1 sencillo: 8 euros. 10 pases para la zona 7 (Copenhague-Roskilde), unos 80 euros. 10 pases para la zona 2 (x ej. los 3 km entre el campus y la ciudad), unos 30 euros. Lo malo de la mendicidad por aquí, o de la prostitución, es que hay un tiempo muy perro, no lo soportaría, así que creo que la mejor opción es vivir en una dieta perenne.
Se que está todo muy confuso, es un reflejo de mi situación actual. Eso sí, apenas he llegado y ya empieza a estar todo desordenado, eso quiere decir que empiezo a sentirme como en casa.

Un saludo terrícolas.

Pd- Me ha resultado curioso comprobar que la gente, incluso la gente joven y las mujeres, se saluda dándose la mano. Ni dos besos, ni abrazo… Pensé que los dos besos era algo propio de toda Europa. No se dan besos… y luego improvisan streaptease sobre las mesas.
Pd 2- Estamos urdiendo un plan para robar una bici, el medio de transporte preeminente aquí, podría decirse, pero probablemente dixo plan nunca llegue a realizarse, el modus operandi presenta defectos importantes (la falta de valor para empezar).
PD3- A pesar de todo… esto es muy bonito, vengan a visitarme!!

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One response to “Arrivando a Dinamarca”

  1. Pitu says :

    ánimo sil!
    por cierto, q sepas q los únicos besucones somos los mediterraneos… 😉

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