Odisea médica

Si, demasiadas entradas por hoy, pero mientras escribía el post anterior he empezado a tomar conciencia de que realmente necesitaba ir al médico. Resulta que no sólo me he pillado un constipado, sino que además he amanecido con una infección de orina bastante jodida por segunda vez en mi vida (la primera fue en Bolivia, agua fría, poco dormir, alimentación mejorable… mismos condicionantes). No me resisto a contar mi odisea hasta conseguir el antibiótico.

Después de buscar en google remedios caseros pocos convincentes fui a rogarle a la farmaceútica que me vendiera algo, pero ella, inflexible, me mandó a Roskilde al médico. Me dio tres direcciones diferentes, que por poco no encuentro.

Primero llegué por error a la consulta de un dentista, después llegué a un primer médico de atención primaria pero estaba cerrado. Al final, tras mucho preguntar, llegue a un edificio semiescondido y llamé a la puerta… Se supone que ahí había otro médico, pero había un montón de nombres raros en danés y ninguna crucecita sanitaria. Después de un rato, un buen hombre me mostró que para subir no había que llamar a la puerta, simplemente entrar. La consulta abría media hora después, por lo que esperé en la escalera al lado de una chica que tosía como una endemoniada. Una vez dentro, en una salita con sillas naranjas y llena de libros infantiles, afortunadamente con muchos dibujos y pocas palabras en danés, y un cuadro de Manet y un par de un tal Hans Scherfig, esperé un rato hasta que me decidí a hablar con la secretaria, que cambiaba las cosas de lugar y murmuraba quién sabe qué mientras tanto. He estado algo así como una hora esperando, en la que se han sucedido las esperas, me han preguntado por mi yellow card (para la seguridad social danesa) que no me puedo sacar hasta que tenga el permiso de residente, me han dicho que no me pueden atender sin cita previa, luego que sí, pero que tengo que pagar 350 coronas… ante mi cara de desolación, y mi frutrado “Ok, If I have to pay, I will pay” me han dejado por fin pasar a la consulta, previas deliberaciones con cara rara entre la secretaria y la doctora que para mi eran completamente ininteligibles. Al menos tenían el detalle de mirarme de vez en cuando y sonreir.
Una vez en la consulta y trabajosamente, la doctora me ha ordenada que vaya al baño a coger una muestra, y he vuelto obediente con mi vasito de plástico, ante la cara de burla del buen hombre que me indicó que para subir sólo había que abrir la puerta, que se encontraba en ese momento en el pasillo. La doctora, que no llevaba bata blanca sino vaqueros y camisa a rallas, y ya estaba entrada en años, me dejó la receta de mi antibiótico. Le pregunté con cara de pena si era caro y me aseguró que no, y luego me dijo con media sonrisa que no le tenía que pagar, algo así como que eso se enviaría al Gobierno y ya se vería luego. Esta pequeña trampa me ha alegrado el día.
En la farmacia, donde hay que coger un ticket antes de entrar y un montón de pantallas con números como en la pescadería, pero más moderno, y un tubo desde el que caen desde el piso de arriba los medicamentos, también me han preguntado por la yellow card, han debatido un rato en danés y al final me han dado mi tesoro. Fin de la historia. Después de casi 3 horas estoy de nuevo en casa… ah, y por fin, además, con agua caliente :).

Por si a alguien le viniese bien, estas son las direcciones para medicina general que me han dado en la farmacia, todas en la calle principal de Roskilde:
*Algade 41 / Algade 4 / Algade 63B *

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