El día en que odié Dinamarca

El día de hoy amaneció soleado, con motivos para estar de buen humor, imaginando las luces de Budapest reflejadas en el Danubio. He amanecido con tantas ganas de hacer cosas, que me he puesto a leer el manual de comunicación y a anotar las palabras nuevas en inglés, he devuelto los libros en la biblioteca y he ido a la oficina internacional a hacer una visita rutinaria a mi amantísima María Hilstoffe, cuya única cualidad es tener una foto desteñida de Tenerife en su despacho.

La tarde se presentaba tranquila, con dos planes paralelos: uno, ir a Copenhague con María y sus amigos y dos, el plan barato, ir a Roskilde en bicicleta con Virginia a ver una exposición de arte gráfico, diseño a ordenador y esas cosas… Al final opté por la segunda vía. Como un mal augurio, Virginia tardó siglos en encontrar una bici prestada que le fuera bien, las tres de Bea presentaban desperfectos, la de Cristian tenía el sillín muy alto… en el proceso me dio tiempo de ir al Fakta de reciclar unas latas de cerveza de lo que fue un primer amago de fiesta en Rockwool que ya contaré otro día, y encontrarme con la cautivadora sonrisa de Paolo que venía con un amigo italiano.

Cuando Virginia había tomado la determinación de volver a Korallen a pedirle la bici a Miriam nos encontramos a los turcos, y decidimos que era más cómodo pedir prestada la bici a Hakan. Y voilà, al final, nos encaminamos hacia Roskilde, el problema: la bici de Hakan cogía una gran velocidad, y no tenía frenos.

Tras varios amagos de caída, y una pequeña pérdida fruto de mi nulo sentido de la orientación, bajando una cuesta, Virginia perdió el control de la bicicleta y cayó en el borde opuesto a la carretera (por suerte no en ésta). Al caer apoyó la mano izquierda y se dislocó completamente la muñeca. Empecé a pedir ayuda y por suerte una señora que iba en bicicleta se paró y llamó a la ambulancia, dándole ánimos a la pobre Vir hasta que se la llevó la ambulancia. También pararon algunos coches. La ambulancia tardó siglos. Hasta que le inyectaron morfina la pobre Virginia estaba muerta de dolor, sin sentir la mano. Le tuvieron que cortar las pulseras que llevaba y le estuvieron hablando en inglés. Debe ser duro tratar de entender inglés en esa situación. El señor de la ambulancia era simpático, nos contó que sólo sabía una palabra en español: chiquero. Este es uno de los puntos subrealistas de la tarde de hoy.

Trasladaron a Virginia en ambulancia al hospital de Roskilde, cerca de donde estábamos, conmigo sentada en una sillita a un lado, sin saber muy bien qué hacer. Las bicis quedaron abandonadas en el medio de la calle, espero poder recuperarlas mañana, sobre todo la de Hakan que iba sin candado.

En Roskilde no podían atender a Virginia, porque al parecer no estaba el médico adecuado, así que nos trasladaron a un hospital (Koge Hospital)realmente in the middle of nowhere, relativamente cerca de otro pueblo perdido: Olby. La dejaron en una habitación esperando un largo rato, cogiéndole los datos… Me hicieron traerle una silla de ruedas y le dijeron que se montara, pero como le dolía el brazo decidieron que era mejor esperar, y, cuando tocara trasladarla a hacerse radiografías, ir en camilla. (Como apunte objetivo, hay que ver cómo alegran la vista los celadores daneses…)

La sala de rayos era muy extraña, tenía pintados en las paredes unos dibujos de un guacamayo, un tucán, una cebra y unas crías de tigre. Colgado en un lado de la pared habían una especie de chalecos sanitarios con unos estampados ochenteros. Estuve allí un rato mientras operaban con la maquinaria, viendo cómo colocaban el brazo adolorido, y metiéndome en una sala aparte para no irradiarme. Cerré la puerta por error y me quedé fuera. El pasillo estaba desolado, ni un sólo alma por allí. Había libros infantiles y cortinas de colores, y silencio, mucho silencio. Al rato la sacaron de la sala y la bajaron a la habitación inicial de nuevo, a pasar otro largo rato de espera.

No la dejaban comer y apenas beber agua por si luego la operaban; yo sí que escapé a comprar comida a un chiringuito propio de aeropuerto cercano a un puesto de perritos calientes y demás guarrerías, en pleno hospital, y quedarme completamente sin un duro (no aceptaban la visa española). A la vuelta apareció el médico, que dijo que intentarían recolocarle la muñeca, pero que lo más probable era que tuviera que ser operada en la noche, con anestesia general.

Llegados a este punto me empezó a dar ansiedad, ¿En qué lugar estamos? ¿Cómo volver? ¿Qué hacer?. Mi plan era volver a Trekroner, coger dinero, coger mi móvil, un libro, comer, tomar una ducha y volver al hospital, a llevarle también cualquier cosa que necesitara. Pero no estaba tan fácil la cosa, los trenes pasaban con una asiduidad penosa. Primero traté de coger el bus hacia la estación del pueblo, pero como no pasaba fui a pie. Una vez allí un moldavo me dijo que tenía dos opciones: ir a Copenhague y de ahí a Trekroner (tren en 10 min), o ir a Roskilde y de ahí a Trekroner (50 min). Tras contarle la trágica tarde al pobre muchacho con tono de loca y hacer que huyera de mí, me decanté por la primera opción, constatando además que tras el tren a Roskilde en 50 min, solo pasaba uno más en toda la noche.

El tren hacia Copenhague se eternizó, fueron tres cuartos de hora o más en los que fui viendo cómo cambiaba el paisaje, de puebluchos perdidos a pequeñas ciudades y, ya al fin, la capital. Una vez llegada a la estación central previa conversación con un chino en la que creí haber cogido el tren en la dirección equivocada, y medio desorientada de nuevo, le pregunté a un chaval que andén coger para volver a Trekroner, y me tomó por una mendiga, ofreciéndome con cara de conmiseración unas moneditas (tre-kroner = tres coronas). Al final una chica muy simpática me indicó la dirección y llegué justo antes de que se fuera el tren. El viaje estuvo amenizado por un montón de ruidosas y aturulladas teenager arabes que mezclaban el hamaláhá con risas estridentes, llamadas de móvil y golpetazos a los cristales del tren para llamar la atención de la gente de la estación. Ni un sólo revisor en hora y media de viaje. Sentí la necesidad de correr y, al fin, llegué a Rockwool.

La enfermera me dijo que Virginia iba a estar toda la noche dormida con la anestesia así que mañana en la mañana intentaré buscar de nuevo ese maldito pueblo perdido por una vía más rápida, y después recuperar las bicicletas, y después ir a las malditas clases de comunication theories.

Ya es mala suerte, sobre todo para ella, que la primera peripecia sobre ruedas acabe en un día entero de hospital y a saber cuánto tiempo de escayola. Encima sola, rodeada de gente vestida de blanco que habla danés, en un hospital muy raro.
Llegados a este punto solo puedo decir que tal día como hoy odio las bicletas, el camino a Roskilde, Olby, el Koge Hospital, los moldavos que huyen de los problemas, los daneses que piensan que soy una mendiga, el olor a pollo frito en el puesto de comida del hospital que no admite visa española, los viajes interminables de tren, las niñas en edad del pavo y los días soleados que se pasan bajo techo, y la sensación de vacío cuando se va a los sitios sin móvil, y la frustración de no poder ayudar cuando otro lo está pasando mal. Pero mañana, por necesidad, será un día mejor.

Actualizo: Odio el sistema sanitario danés. Acabo de llamar al hospital y me dicen que todavía no saben si la operan porque no han hecho los horarios o no se qué rollo. Traducción: quizás está aún en la habitación con la muñeca dislocada. Esto en España es impensable.

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2 responses to “El día en que odié Dinamarca”

  1. Vicky says :

    Silviiiiiiiiii pero qué es esto??? No me lo puedo creer!! y todo esto en inglés!! parece digo de una serie “cómica” aunque a la pobre chica lo de cómica me da que lo cambiaría por “terror” jajaja Bueno espero que todo este ya solucionado!! un besitooo

  2. silvita010 says :

    si, mi compañera de piso k me acompañó esta mañana lo comparaba con un hospital ucraniano chungo de peli de miedo, y la convalesciente con una pesadilla subrealista… imagina! pero tranki k cuando vengan nos moveremos by train 🙂

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