La bad-taste party y otras novedades

Escribo desde la cocina de los turcos, con restos de la fiesta de ayer, con el fregadero en el que sólo funciona el agua hirviendo y la gaveta de los cubiertos inundada de agua empantanada. Kaan y María comentan la noche (“I puke from de window” xD) y por otro lado Cristian y Yannick hablan frente al ordenador.

Rockwool empieza a tener vida y empezamos a ser como una comunidad. El lugar no oficial de reunión es la casa de los turcos, en el primer piso. El jueves hicimos una cena con la famosa “pasta in the own” (“no turkish pasta”, como insiste Kursat). Eran macarrones con queso, harina… muy ricos. Servet hizo una ensalada con huevo duro, tomates, cebolla y pimienta, deliciosa también, que al parecer suele tomar para desayunar en Estambul los domingos. Por su parte Kaan, el biólogo, hizo papas fritas y una ensalada que olía a comida de gato y fue el único plato que quedó casi intacto.

Cuando no hay nada que hacer, nos reunimos aquí abajo, y hacemos cosas tan variopintas como probar el orgasmatrón con música relajante y extrañas ambientaciones mentales para relajarse, o beber cerveza mientras decidimos que hacer (vamos a ver una película, qué película, vamos a jugar a poker…), para finalmente no hacer nada. Ya cada uno va teniendo sus frases, sus peculiaridades. Por ejemplo, Servet siempre dice “What is your problem?”, mientras Kursat repite incesantemente “You know…” y Kaan lo adereza todo con el “I’ve just…” o “I mean” y Cristian le pone el punto americano a la conversación: “Do you know what I mean, man?”. Por mi parte, sobreuso el “Come ooon”, que se puede traducir al español por cosas tan recurrentes como: ¡Espabila!, ¡Date prisa!, ¡Qué me estás contando!, Si, hombre… Creo que estamos necesitados de una buena lección de inglés callejero.

El lunes hubo cena-fiesta española en Korallen con las banderas de España, Cataluña y la República (buen punto de Noel 🙂 ), con un trabajo casi titánico en el que los españoles koralinos cocinaron albóndigas, ensaladilla rusa, tortilla, pan tumaca con jamón serrano y otras delivias. A la vuelta a Rockwool, decidimos unos pocos que era hora de crear un evento para hacer, por fin, una fiesta en nuestra pequeña Blue Tower (“now or never”). Decidimos que debía ser algo distinto:

Ayer, por fin, llegó el día. Por la tarde nos dedicamos a despejar las cocinas para dejar el mayor espacio posible y a decorar las habitaciones, dejando luz tenue, velitas, globos… El primer piso era la fiesta flower power; el último, el irish pub y el nuestro, el más exitoso, el dancing floor. Al principio tuvimos problemas con los altavoces, pero al final, gracias a la ayuda de Antoine, un francés que es algo así como el DJ oficial de Korallen, que nos prestó los suyos a cambio de vodka Knebep que María importó de España, el ambiente se fue animando.

La mayoría de la gente (en especial los españolitos ejem ejem) vinieron vestidos normal, pero ya nos encargamos María y yo de suministrarles complementos ridículos que aún andan quién sabe dónde. Hay que hacer mención especial a Alberto, el chipriota, que olé sus huevos, se enfundó una faldita blanca y campó semidesnudo por la fiesta; y tres chicas que sacaron partido a su parte masculina y vinieron con unos bigotitos de lo más pintorescos. Del resto no me voy a parar a hablar, las fotos hablan por sí solas.
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Esta fiesta ha servido también para constatar que cuando la gente bebe mucha cerveza termina por oler a pedo y, nuevamente, que los españoles, que siempre llegamos tarde a los sitios, somos los que aguantamos hasta el final. La fiesta comenzó a las 9.30, con unos invitados que llegaron con puntualidad británica, y se prolongó hasta más o menos las 3, aunque unos pocos nos quedamos hablando hasta casi el amanecer, primero en el rellano de la escalera, comiendo mis amantísimos bollitos de canela y un licor que trajeron los franceses de Burdeos y robándole unas cucharadítas de sopa a Bea mientras María ponía cara de Mafalda; y después espachurrados en el colchón, ya en español, comentando el omnipresente tema de las relaciones. En las paredes de Rockwool ya se atesoran momentos e historias para no contar 😉 Ahí lo dejo.

La parte negativa fue el accidente con el Mac de María, que también se pilló una buena borrachera por un vertido accidental de cerveza y aún hoy sigue de resaca. Esperemos que vuelva a sus biorritmos normales de forma espontánea a base de arroz y descanso o que el arreglo no sea inabarcable en términos económicos. Otra parte negativa de la fiesta fueron las ausencias, unas por miedo a venir solas en la oscuridad, otras porque han debido de ser miradas por un tuerto.

Haciendo un pequeño inciso: ¿Creían que los Erasmus eran estudiantes locos y libres que venían a darlo todo? Están, en parte, en lo cierto; de hecho hay algunos que han dejado sus respectivas relaciones antes de venir. Pero no siempre es así, hace unas semanas escuché una conversación en la que dos se confesaban que tenían novios, pero es Erasmus, así que shhh, es un secreto. No obstante, resulta sorprendente la cantidad de cándidas almas enamoradas que hay por aquí, con novios y novias desperdigados por el mundo, y a los que siempre, en algún momento de la fiesta, se los puede ver con móvil en mano o perdidos en melancólicas miradas al infinito. Veremos si la fidelidad vence al orgamus, en este submundo paralelo que tenemos en Trekroner. Ojalá y se diera carpetazo a todas las ideas preconcebidas sobre esta experiencia; me haría creer un poco más en el amor romántico.

Y ya para finalizar, una dosis de burocracia. Por un lado, he recuperado mi carnet de estudiante, ese que perdí en la fiesta de la RUC hace algunas semanas. Me llegó un mensaje al email que me informaba de que mi cartera se encontraba en la recepción de la Oficina Internacional. Gracias a esa personilla que se encontró mi cartera, con mi carnet, y que ni siquiera se apropió de las 50 coronas que tenía dentro. Que la ley del karma le compense.

Por otro lado, he rescindido el contrato de alquiler de Rockwool, de modo que en diciembre tengo que desalojar, y con suerte en febrero estaré viviendo en Copenhague. Estará bien probar los dos ambientes.

El otro día fui con Alberto en bicicleta a Roskilde (él aún por su permiso de residencia) a solicitar mi CPR number, en un edificio de piedra al lado de la iglesia protestante tan bonita que hay en la ciudad. Así que en el plazo de una a dos semanas recibiré mi yellow card, con mi médico asignado, que es la doctora tan simpática que tuvo piedad de mí y me atendió gratis el día que fui a su consulta.

Y, al fin, tengo móvil danés (+45- 50305479 ), cortesía de Rocío, una compañera de clase que se ha dedicado a suministrar bicicletas y móviles porque conoce a un “morito” que los vende baratos (en este caso, unos 30 euros). Es un poco sospechoso porque mi móvil tiene fotos de un niño, de Canadá, números de teléfono… ya lo he borrado todo. Ahora es mío.

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