Descurir La Paz

Bolivia es uno de los 121 países del mundo sin Mc Donalds. Pero eso no quiere decir que no haya llegado la americanización; la televisión también estaba contaminada con Disney Channel, y las niñas querían ser Hannah Montana y suspiraban por Zac Efron. Y claro, hasta en el lugar más recondito, en pleno desierto, había carteles de la marca Coca cola.Antes de que mi antiguo ordenador petara, tenía una foto como la siguiente, pero con una cholita pasando frente a una tienda con un cartel de Coca Cola. Allí, en el medio de la nada. Era mi foto favorita del viaje.

Por cierto, si alguna vez van a Sudamérica y les preguntan si quieren coca, no se asusten, ellos se dirigen así de cariñosamente a la bebida gaseosa más popular del mundo.

Recuerdos de Bolivia- 5ª parte

Marcelo vivía en el Alto de Seguencoma, una zona elevado de La Paz.
La Paz es una ciudad llena de cuestas, un poco caótica, y con contrastes sociales. Los mercados callejeros se entremezclan con tiendas de más postin para la clase media o alta y la calle es bullicio en estado puro, con hombrecillos gritando desde las combi la dirección a la que va el vehículo. No hay paradas de guagua, uno simplemente se lanza a la carretera y se sube al coche que le vaya a dejar más cerca de su destino.
La postal típica de la ciudad es preciosa, con el Illimani, una gran montaña con nieves perpetuas, como fondo. Hay algunas calles de la ciudad especialmente indicadas para sacar fotos, pero cuando yo pasé por ellas estaba nublado, así que dije que mi asignatura pendiente era volver, con el único propósito de conseguir la dichosa foto, por supuesto.

La ciudad cuenta con alrededor de un millón y medio de habitantes, contando el área de El Alto, cerca del aeropuerto y una zona con mayoría indígena aymara y, según Marcelo, bastante insegura. Por allí paramos en nuestro camino hacia casa de Marcelo, y luego cogimos un taxi que nos llevó a su casa.
La casa era grande, y muy bonita. Aún la recuerdo cláramente. Marcelo tenía su habitación en el piso de arriba, y yo dormía en una habitación contígua, con una cama de matrimonio, una televisión enorme, y el ordenador; aunque por las noches nos escapábamos medio a hurtadillas para darnos el gusto de amanecer juntos. En esa habitación también vimos algunas películas; recuerdo Monstruos INC y Madagascar. Imaginen los simpáticos pingüinitos con acento mejicano.

Hallazgos humanos y personas para el recuerdo:

La madre de Marcelo me hizo sentir como en casa. Alguna vez compartimos mesa a la hora del almuerzo, para comer trucha con arroz, y me preguntaba cosas de España, y decía que era muy calladita. En realidad, no compartí mucho tiempo con ella, entre viaje y viaje, y porque ella trabajaba. Pero me llevo un recuerdo inmejorable. De agradecer, en el caso de las suegras.

También me llevo un recuerdo tierno de Samantha, una bebita, prima de Marcelo, que andaba por la casa. Pasé mucho tiempo viéndola ponerse cachetona y hermosa por el Skype, y a él se le caía la baba. Y luego estaba la María, una cholita de largas trenzas que hacía las veces de ama de casa. Cuidaba a la Samantha, lavó mi ropa, cocinaba, fregaba los platos… En realidad me sentí mal cuando, después de comer, quise limpiar mi plato y Marcelo me dijo: “Dejaló en el fregadero que eso es el trabajo de la María”.

Aún así, parecía que se llevaban bien. Marcelo se reía de ella y le decía que estaba embarazada, porque estaba engordando y ella se reía inquieta y le decía: “¡Ay! ¡Marce!”, con voz de pito, casi como una niña pequeña ofuscada.
La María hablaba con mucho acento, y miraba con ojos picarones, intentando enterarse de todo lo que pasaba. De echo, alguna vez notamos su presencia espiando detrás de las puertas. Marcelo decía que tenía un hijo con el que no guardaba especialmente buena relación, y un novio. Y que una vez desapareció, y luego volvió de nuevo para trabajar. Y que su mamá la cogía porque ya le tenían confianza.

También tuve la oportunidad de conocer a algunos amigos de Marcelo. Una noche fuimos a un parque, a sentarnos, a fumar cigarrillos y beber BocaRica, el ron más barato de por allí, como el negrita de España. Lo solían beber con pepsi y limón y a ellos les parecía que estaba muy fuerte pero, la verdad, he bebido cosas peores.

Conocí al Sebas, que era colombiano, al Juanpa, con su media melena, y a Cristian, más callado y misterioso, y a la Titi, que era “la más buena tipa”, vivaracha, amigable y muy habladora. Estaba siempre implícita, como flotando en el ambiente, la presencia de “el Boni”, un amigo suyo que estaba en la cárcel, y de su novia. Mientras vagábamos en la oscuridad, recuerdo que pasó un coche enorme, coche de rico, con los cristales tintados y una banderilla de Bolivia en el capó. “¡¡Imaginate!! A lo mejor es Evo Morales”.

Otro día conocí a la Di, una chica súper tierna, y a su ex novio Diego, que vivían en un piso en otra zona de la ciudad. Nos invitaron a pasar y, después, nos fuimos a tomar a un local buñuelos, una especie de empanada con queso fundido por dentro y azúcar glass por fuera, y api, una bebida densa violeta, parecida a la chicha peruana, pero más dulce. La tarde tuvo tintes familiares, cálidos, aunque silenciosos. Me preguntaron por España y allí, a diferencia de Dinamarca, nadie sabía exactamente dónde estaba Canarias, aunque Marcelo también me hacía la broma de que era africana.

Y un inciso: todavía me acuerdo una vez en un pueblo perdido de Perú, un viejuno que andaba por la calle, y que resultaba tener orígenes canarios. Ay, aquellos tiempos en los que nosotros éramos los emigrantes…

La Paz a ojos de turista

La Paz me pareció bonita, aunque no se puede considerar que sea objetiva. Estaba enfrascada en una especie de sueño que se me antojaba demasiado real, pero un sueño al fin y al cabo.

La forma de moverse por la ciudad es, o bien un taxi, o bien una combi, o bien un “troly” (a lo mejor no se llamaba así), que al fin y al cabo no era más que un taxy compartido, con una dirección específica. Obviamente también se puede caminar, pero hay muchísimas cuestas, como en Lisboa.

Recuerdo un día que fuimos de compras, y adquirí por unos pocos bolivianos dos equecos, muñectos bolivianos de la fortuna, para mi padre y mi madre. El equeco es un dios aymara de la fecundidad y la alegría, al que al parecer se le sigue rindiendo culto con ofrendas de alcohol y cigarrillos en altares caseros, sobre todo en la fiesta del solsticio de verano. Por ahí andan todavía los muñequitos, en el estudio de mi casa y la cocina de mi padre, junto con unos ídolos incas que antes tenían dentro un pisco que era alcohol etílico (¡Ay! Con lo rico que estaba el pisco sour de las bodegas de Moquegua…).

En fin, que me voy por la tangente como siempre. El caso es que también tenía que comprar un regalo para Laura, para su amigo invisible, y me hice con unos zarcillos preciosos de semillas y un colgante con la chacana, fabricado con piedra de los Andes. La chacana, o cruz andina, es un símbolo milenario inca, que hace referencia al sol y a las estrellas (la cruz del sur), y representa la unión de la tierra con el cielo, del Hombre con lo divino. Un regalo diferente, ¿no?.

Como si no hubiera bastante carga espiritual en esa tarde, nos metimos a deambular por mercadillos, por los miles de puestos de películas y música pirateada, mercados de comestibles, de santería… y al final, acabamos leyéndonos el destino con estaño. Un hombre que estaba en la calle, mezclado con los lustrabotas y otros buscavidas, tiró estaño fundido con un cucharón de cocina sobre un cubo de agua, y, según la forma que adquirió al solidificarse el metal, nos aseguró que había salido forma de virgen, aunque se rompió una pequeña parte al sacar el objeto, ya sólido, de la materia acuosa. Nos garantizó que íbamos a tener muchas dificultades en nuestra relación, pero que al final íbamos a acabar juntos. También nos dijo que nuestra situación económica iba a ser buena pero que él iba a vivir más años que yo. A pesar de que me presagiara una muerte más temprana que la de él, yo quedé contenta con las previsiones. Oí lo que quería oir; en eso consiste el negocio de las predicciones. Eso sí, el tipo nos intentó vender la figura de estaño para que nos diera suerte y nos negamos.

Otro día acompañé a Marcelo a su universidad, la Universidad Católica Boliviana San Pablo, a pagar, porque era privada. Hay un auge de universidades privadas allá, aparte de un alto índice de abandono escolar y de fuga de cerebros. La universidad pública más importante es la Universidad de San Andrés y al parecer no debe ser nada fácil entrar. Así las cosas, he leído que Evo Morales cuestiona la importante inversión que hace en educación pública, y que al parecer no está reportando beneficios prácticos en investigación y tecnología. No obstante no hace mucho la UNESCO felicitó a Bolivia por ser el tercer país de América Latina libre de analfabetismo gracias a los programas de alfabetización llevados a cabo por el gobierno, lo cual ya es un gran paso adelante.

A nivel culinario, uno de los grandes placeres vitales, en Bolivia probé un helado de leche condensada que era una delicia. Sudamerica es siempre una explosión de sabor: que si helado de lúcuma, ron con pasas, papaya, choclos, maracuyá, tamal, chuño, carne de llama, cuy (cobaya), yuca, quinoa, ají, o pacai. Este último me pareció bastante curioso, es una vaina verde enorme que se abre y tiene dentro una especie de algodón blanco comestible y dulzón.

En Bolivia pobré por primera vez las salteñas, típicas de Argentina pero con su variante boliviana. Es una masa en forma de concha con carne o pollo dentro. Están buenísimas, el único inconveniente que tienen es que es muy fácil mancharse con el jugo que llevan dentro cuando se les propina un buen mordisco.

Pero La Paz no es sólo para perderse por sus calles caóticas, sus mercados de chatarra y sus centros comerciales, ni para intentar cazar al Illimani sin su habitual velo de nubes, ni para probar sabores distintos. A nivel cultural e histórico, también tiene su encanto. Por ejemplo, la Plaza Murillo, dedicada a Pedro Domingo Murillo que, en 1809, lideró un movimiento libertario contra el dominio español. A su alrededor se encuentra el Congreso de la República, la Catedral y el Palacio Presidencial, más conocido como palacio quemado, aún con las huellas del fuego en sus paredes. También a su alrededor hay edificios que muestran huellas de balas de contiendas pasadas.

Pero sin duda mi recoveco favorito fue la Calle Jaén, que creo que describe mejor alguien con conocimiento de causa en este link ( http://rocko.blogia.com/2006/071801-la-paz-de-leyendas-y-brujas.php ) de lo que podría hacerlo yo:

“En esa mezcla entre modernidad y el casco viejo de la ciudad, ocultada entre avenidas se esconde la calle Jaén, parte histórica donde confabularon patriotas para empezar la revuelta libertaria de La Paz. Donde confabulan también viudas expulsadas del averno condenadas a penar en busca del beso de algún hombre con alcohol en la sangre. Callejón donde caminan los demonios y los mulatos esclavizados en la colonia que arrastrando sus cadenas golpean las puertas buscando consuelo. El callejón de las animas y los demonios que cuya única salvación es la cruz verde que ahuyenta a las almas condenadas a vagar por la Jaén.”

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

One response to “Descurir La Paz”

  1. Priscila says :

    Jo macha, q envidia!! q bien te lo pasaste y que superexperiencia!!
    Te miss you tajo/fleje!!

    😀

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: