Aquí y ahora

Tal vez porque el sol cada vez tiene más prisa en marcharse, y cuando aparece lo velan como escoltas un montón de nubes grises. O tal vez porque a veces hay que dejar de correr y darse un tiempo para ordenarse por dentro. O porque el insomnio (me encontraste de nuevo, viejo amigo), de vez en cuando se abraza a mí por las noches, y me deja en un estado comatoso a su partida. La cuestión es que en la última semana he pisado el freno, solo un poquito, y quizás sea tiempo de volver a darse vida porque el tiempo, siempre esquivo, discretamente, se nos escapa.

Después de tanto tiempo sin escribir sobre la vida en Trekroner, ya no se ni por dónde empezar. Pasan tantas cosas que de una semana a otra parece que han transcurrido siglos.
La semana pasada hubo fiesta el jueves (con los de clase), el viernes (RUC), el Sábado (Copenhague), el Domingo (Halloween en Copenhague) y el Lunes (fiesta española en el Gimle). Yo sólo salí viernes y sábado.

*El viernes pasado fue el cumpleaños del griego, que trajo a todo un séquito de familia y amigos, todos ellos bastante clónicos, con sus pantalones ajustados y sus bailes consistentes en tirarse de rodillas sobre el suelo. La fiesta no dio mucho de sí, así que nos movimos hacia otra que había en la RUC, dentro de los departamentos. Una ve aquí cosas bastante subrealistas y aún no he perdido la capacidad de sorprenderme. Un grupo de daneses borrachos disfrazados de Halloween dándolo todo, uno de ellos encarnando un peludo y negro orangután…
La decoración: todo negro, con hilos colgando del techo y arañas de plástico que me dediqué a sustraer con Virginia. Pedimos un par de cervezas y, como acompañamiento, había en la barra un bol de zanahorias y caramelos. Imaginen: discoteca dentro de la universidad, decoración estrambótica, cerveza y zanahorias. ¿Qué más se puede pedir?. Para acabar, el amigo Noel nos explicó el secreto de la felicidad que siempre llevan los españoles en las fiestas RUC. Resulta que los daneses, siempre confiados y confiables, dejan las cajas de cerveza para vender en la barra en una habitación, sin echar la llave. Lo más tentador y fácil del mundo es colarse sigilosamente y hacerse con un par de ellas by the face.

*El sábado fuimos con Dante a Copenhague, a un bar lleno de daneses donde la media de edad rondaba la treintena. Unos daneses con alianza nos invitaron a cerveza de verdad, danesa, que le daba mil vueltas a la Dansk. Lo primero que relacionaron con España fue “Fiat” la marca de coches, que, además, no es española sino italiana. Después fuimos a otro local andando, como pringados, porque allá todo el mundo va de un lado a otro en bicicleta, pero nosotros la tenemos aparcada aquí, en Trekroner. Por el camino un mendigo me lanzó una mirada de flirteo. Ya ven, estoy elevando mis expectativas. Luego dentro de la discoteca un danés borracho, muy borracho, me besó la mano sin venir a cuento. Después de estar atoradas en la multitud sin espacio para bailar, y yo sintiéndome casi aplastada con esa gente tan alta (había un tío especialmente enooorme), decidimos volver a Trekroner.

El domingo parece que la fiesta dio mucho más de sí. Yo sólo se que a las 5 de la mañana yo y mi amigo insomnio nos levantamos de la cama a curiosear, y nos encontramos a María con un español y un americano que estudian en Suecia, que iban a pasar la noche en casa. A la mañana siguiente el americano empezó a cocinar el desayuno, él como Pedro por su casa, mientras me contaban los avatares de la noche. Aquí los “gossips” nunca acaban.

*A nivel clases ahora estamos en fase proyecto. El jueves pasado fue el “group formation” en el que se proponían distintos temas y la gente se iba adhiriendo a una u otra propuesta. Yo estoy en Political Ethos, aun cuando mi propuesta fue “Visión de Dinamarca que se proyecta desde la prensa internacional”. Como todo tiene que ser tan acotado, dejó de interesarme mi propia idea, y me uní a un grupo de catalanes, y un francés del sur, todos, al igual que yo, con el mismo inglés vacilante. El proyecto en sí es bastante ameno, 30 páginas de análisis sobre las diferencias entre la forma de comunicar de Hillary Clinton y de Obama en la precampaña del Partido Demócrata en 2008. Me hubiera gustado comparar también a Obama con Bush, por ejemplo, por eso de los eufemismos (muertos / daños colaterales) y comparar cómo llaman a las cosas en materia de sanidad, economía, política internacional… También hubiera estado bien analizar cómo están las cosas ahora con lo del Tea Party… Pero hay que acotar, acotar, acotar.

*El otro día, para culturizarnos un poco, fuimos a Copenhague el equipo Rockwool (o Rockwell, como nos llama Lance) y, después de muuucho rato dando vueltas por las calles, perdidos, encontramos nuestro destino: una exposición sobre David Lynch. Como probablemente muchos, como yo, tampoco tengan ni idea de quién es este tipo, les explico un poco. Lynch es conocido sobre todo por su faceta como director de cine, pero también le daba a otras ramas del arte (ensayos, pinturas…). La exposición estaba repleta de muestras de violencia y la ambientación se completaba con una música inquietante. Después de un rato dentro yo me agobie y preferí sentarme sola frente al canal a fumarme un cigarrillo en silencio (por cierto, malditos cigarrillos, una cajetilla 5 euros, y me estoy enganchando).
Para que se hagan una idea, Lynch decía: “”Me interesa saber que se esconde tras las limpias fachadas, tras los visillos de las casas, explorar los recovecos tortuosos de la existencia. Soy como un detective que destapa lo que los demás ocultan. Y es que este mundo de hoy no es un lugar tan maravilloso como dicen. No es el sueño más brillante”.
Tras la tarde de museo nos compramos unas cervezas en el Seven11 y fuimos a tomarlas junto al Black Diamond, la biblioteca de Copenhague, sentados junto al canal viendo anochecer. Copenhague es una ciudad bastante romántica-melancólica a veces, con su aire frío, sus inusitados rincones de silencio, sus canales, sus calles empedradas y la semioscuridad de las calles donde proliferan bares iluminados con la tenue luz de las velas.
De camino a la estación central nos encontramos una exposición de diseño, y estuvimos curioseando los distintos artilugios propios de cada década. Concluimos que en Rockwool aún vivimos en los años ’80.
El día se zanjó para mí con Blue Velvet, una película presicamente de Lynch, pero verla de noche, semidormida, en inglés y sin subtíulos no es una buena idea. Tengo que volver a verla algún día.

*Este fin de semana también ha tenido tela. El viernes nos reunimos en Rockwool, con nuevas presencias en el living room más antihigiénico de todo el edificio. Tenemos por aquí a dos amigas de María, Eva y Rosa, que han traído a más de uno de cabeza. También nos visitó Laura Obra, y dos danesas gemelas amigas de Lance, el americano, y una turca. Mejor no entrar en detalles, sólo decir que brindamos con ron negro, con vodka, con cerveza y, lo mejor de todo, con chupitos de Jagermeister, y como dice Virginia: “Jagermeister is the devil”.
Pese a que nosotros nos quedamos por Trekroner, los Korallen fueron a Copenhague. Resulta que cuando se acerca la navidad los daneses sacan al mercado unas cervezas navideñas, con más gradación alcohólica y latas muy bonitas, y el otro día era algo así como la celebración de la cerveza, y repartían bebidas gratis.

El sábado fuimos a Copenhague y acabamos en el In. Ojo: 20 euros la entrada, sin contar con el armario. Típica discoteca choni underground con música electrónica, llena de feos borrachos y con barra libre de vino blanco de cocina, champán rosa y azul y cerveza. Pagar 20 euros para tener resaca. La mejor parte de la noche fue la vuelta en tren, cuando María y yo que nos escabullimos antes, nos encontramos a Maurice y Bárbara, dos suizos, y empezamos a darles un poco el coñazo hablando de Franco y de la monarquía y la república. Maurice es un ser muy gracioso, aunque no tengo mucho roce con él se lo puede definir como un típico rubio, alto, de ojos azules, con vocación de periodista, inteligente y con un modo de bailar robótico-espasmódico.

*Por otro lado, al fin me ha llegado la Yellow Card, es decir, ya tengo médico asignado en Roskilde. La cosa es que ahora que me mudo a Copenhague en el siguiente semestre va a ser un rollo tener que moverme hasta aquí, pero ahora ya está. Es curioso porque cuando te conviertes en residente danés te envían una carta ofreciéndote clases gratis para que aprendas el idioma, sólo tienes que rellenar un formulario y enviarlo antes de 14 días. Esta gente y su estado del bienestar.

*En cuanto a incidentes desafortunados, me he cargado mi Copenhaguen Card 24 horas. Le compré a Bea, la vecina de arriba, por 5 euros, un culín de acetona de la única que no borra automáticamente la banda de la tarjeta. Tomé la nefasta decisión de meter el líquido en el bote amarillo donde guardo las cápsulas de onagra, de modo que el quitaesmaltes se tintó de amarillo y se cargó mi amada tarjetita, aún sin rentabilizar.

Por otro lado, hemos sido casi objeto de una detención policial. Al lado de Fakta, el supermercado “barato” de Trekroner, hay una tienda de ropa. Estaba cerrada. Había unos abrigos de lana. Nadie alrededor. “¿Pillamos uno para las dos?” “Venga… ¡va!”… Y cuando nos alejamos felizmente se materializa en medio de la oscuridad la dependienta, gritando y corriendo tras nosotras y con el móvil en la mano a punto de llamar a la policía. Lo mejor, María: “No deberías dejar la ropa allí fuera”. Lo peor: que el dichoso abrigo ni siquiera era bonito.

Y ya por último, contarles las novedades de las personas más vagas sobre la faz de la tierra. En el piso de abajo, salvando a Cristian, los turcos y Yannick tienen sartenes con restos de comida de hace una semana. “Una semana es normal”, decía Servet ayer “Más no”. Encima del sofá un plato con restos de una hamburguesa. Son tan vagos que utilizan platos de plástico para no tener que lavar, y Servet compra unas ocho hamburguesas de Mc Donalds que mete en la nevera y va calentando en el horno para evitarse cocinar. Luego se les ha roto un sofá, porque el americano se puso a saltar sobre él y se lo cargó, y ahora tienen, entre las cuatro patas del mueble roto, unos cojines en el suelo y, la verdad, no es del todo incómodo.

Cada vez más, se empiezan a suceder las conversaciones de la relevancia de la Erasmus en la vida, de España, que ahora se quedará pequeña; de las lágrimas de Diciembre, cuando haya que decir adiós a la mayoría; de probables viajes futuros… Y al final, nos quedamos con la conciencia de que lo mejor que podemos hacer es disfrutar el aquí y el ahora, porque pocos “aquís y ahoras” serán tan bonitos como los que estamos viviendo en este momento de nuestra vida.

Les dejo con las Noches de boda de Sabina…

…que nunca sepas ni cómo, ni cuándo, ni ciento volando, ni ayer, ni mañana…

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3 responses to “Aquí y ahora”

  1. Vicky says :

    Silvia!! Me ha encantado!!
    Pd: dentro de poco estoy por ahiiiiii

  2. ricardo says :

    Hola! Bueno, sólo quiero que sepas que tienes un lector más o menos constante, desconocido para tí, pero que sabe muy bien lo que es la Trekroner Experience, y al que le gusta leer noticias desde alli!

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