El mito orgasmus

Esto es digno de un experimento sociológico. En serio. Me hace desconfiar del lado bueno de la gente y deja en evidencia que somos seres egoístas e instintivos y que cuando nos encierran en el medio de la nada, lejos de nuestra vida “real”, con barra libre de alcohol y drogas, somos como los monos.

No se si en Copenhague, que es una ciudad, y hay vida cuando sales de la puerta de tu piso, casa o residencia, sea distinto, pero Trekroner ha dejado de ser el lugar inocente que nos encontramos el primer día que llegamos, con su lago límpido y sus patos asesinos, y los daneses locos hasta el culo de cerveza. Trekroner es la versión actual de Sodoma y Gomorra. Cualquier día caerá sobre nosotros una lluvia de fuego y azufre.

De clase, tenemos que escribir unas 5 páginas para diciembre por cabeza en el grupo. Yo he hecho 4 ya, en un día. Eso deja demasiado tiempo libre. Estamos en medio de la nada; el plan más interesante es ir al Fakta a comprar la cena o a hacerse con cervezas navideñas de alta gradación alcohólica. Los días son grises, y llueve; de hecho ayer empezó a chispear justo cuando intentábamos emprender una operación anti-flacidez para plantarle cara a los efectos de las galletas de mantequilla y los bollitos varios. A las 4 empieza a hacerse de noche, de modo que los días oscilan entre el gris de la mañana y la negrura. Hecho de menos el sol, incluso el sol de invierno de Madrid.

Por otro lado, Rockwool es tiene como una fuerza gravitatoria intensa que hace que te quedes pegado al sofá, con tu te, tus cartas, tu calefacción al ladito. “Es como en El Ángel exterminador”, dicen mis amigas cinéfilas. ¿Salir? Si… pero es que es de noche, hace frío, y es muy caro. Ahora que no tengo Copenhaguen Card, cada viaje a Copenhague me sale unos 12 euros, más la entrada a los sitios, más la cerveza… Con lo a gustico que se está aquí a veces, ahora que hemos creado una especie de familia.

Por cierto, les pongo al día de los avances de mi vecino turco, ese ser que podría batir el Record Guiness de gandulería. Se ha puesto a limpiar la cocina, aunque el sofá sigue roto; y hasta se ha puesto a estudiar, se ha afeitado y con cara ojerosa me ha dicho: “What do you think? I’m engineer!”. A veces me olvido. Tras esto, ha cogido un papel de periódico (porque se le han gastado los platos de plástico) y se ha sacado su pizza del horno (menú perenne junto a las hamburguesas del Mc Donald), listo para comérsela sobre el papel de periódico, con las manos para no tener que lavar cubiertos.

Las cosas han cambiado mucho desde el principio; de las excursiones multitudinarias y las sonrisas, y el hola, cómo te llamas, de dónde eres y qué estudias, hemos pasado a enquistarnos en nuestros grupos, aunque siempre hay gente nueva que puede sorprenderte, porque en Erasmus todo es posible.

Yo creía que lo del Orgasmus era un mito pero, como en un efecto dominó, pieza a pieza, todos o casi todos han ido cayendo en la tentación. Si, es duro, estamos aquí solos, de fiesta y en fiesta, y el roce hace el cariño. Unos dejaron a sus novios/as antes de venir. Otros cuando sus novios/as vinieron a visitarles. Otros a través de Internet. Pero otros les engañan con el mayor descaro.

A lo mejor es que soy demasiado romántica, pero esos “te quieros” que se dirán por Skype después de tanto amancebamiento me dan asco. ¿Quieres a alguién o sólo quieres que te quieran? Engañar a la otra persona con la excusa de “no significa nada”, o “no quiero hacerle daño” o “no vale la pena echarlo a perder sólo por sexo” es una excusa barata para tener callado a Pepito Grillo. ¿No merece la pena romper una relación sólo por sexo? Entonces en mi opinión, mejor aguantarse, o decirle a la otra persona que el sexo banal no significa nada para que él o ella también pueda disfrutar de la libertad sexual. A mi casi todo me parece bien, menos la mentira, que acaba con el principio de “de-igual-a-igual” en las relaciones, y no sólo en las amorosas. Estoy pasmada con la facilidad que tiene la gente para llevar vidas paralelas, después de esto no me queda otra que volverme más desconfiada.

En fin, que la vida aquí da para muchos libros y muchas películas. Espero escapar mañana de la burbuja Trekroner e ir a Copenhague, cueste lo que cueste, que aún, después de dos meses y medio aquí, no he visitado el Tívoli. Y el Sábado toca un cambio de aires radical: 4 días en Berlin. ¡¡Al fin un poco de turismo europeo!! 🙂

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2 responses to “El mito orgasmus”

  1. Javier Lacort says :

    Lo he encontrado por casualidad; y lo he leído al completo pese a que me cuesta dios y ayuda leer blogs ajenos. Me ha encantado.

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