Berlín- día 1

Ya estoy de vuelta de Berlín, con la agridulce sensación que deja volver a Trekroner ya en la postrimería del primer semestre, con las despedidas a la vuelta de la esquina y el proyecto gestándose, y la búsqueda de piso en Copenhague aún en la lista de tareas pendientes. Pero a pesar de todo, muy contenta con la experiencia.

Berlín es una ciudad de calles grandes, muy tranquila en apariencia, pero con mucha vida a poco que una se interna en sus callejas y sus barrios, y se deja impregnar de sus contrastes. También es una ciudad que transpira historia, pero que está en pleno proceso de renovación, por lo que, al visitarla, una se siente parte de algo que está en pleno desarrollo. Berlín es, también, una ciudad con quistes pasados que aspira a la modernidad, pero cuando la alcance, en 2040, cuando acaben todas las obras, quizás no tenga ese encanto de lo imperfecto que tiene ahora.

El viaje, de 5 días, ha dado mucho de si en todos los niveles. Me vuelvo con la sensación de haber visto lo básico a nivel turístico, así como algunos lugares del Berlín más alternativo, y con la satisfacción de saberme manejar en sus metros y sus tranvías. También me ha servido para terminar de desasirme de todos los tópicos infundados que tenía sobre Alemania y los alemanes. Los alemanes son (aparte de rubios y altos) gente amable, tolerante y nada aburridos, aunque eso no quita que sean serios y organizados cuando tienen que serlo. Digamos que son un poco bipolares. No como los españoles, que vamos dando el cante. Si hay un español por la calle, no pasará desapercibido; y precisamente en Berlín nos encontramos grupos de españoles y latinoamericanos por todas partes, con el estrépito, la inquietud y el desorden propios de la gente de nuestro país, que se desplaza siempre en grupos y ríe y pelea y habla, todo ruidosamente.
Pasando a los aspectos concretos del viaje, me gustaría resumir todo en un post, pero como es imposible, empecemos por el principio.

Día 1.– Salimos de Trekroner un grupo de 12 españoles a las 5.17 de la mañana, todos ojerosos, unos por la fiesta de la noche anterior y otros porque por los nervios de viaje tampoco pegaron ojo. Nos dirigimos al aeropuerto y pasamos el control de seguridad, con la cara de malas pulgas del segurita que nos abrió la maleta y nos hizo poner los líquidos aparte en una bolsa de plástico, y tiró un champú casi vacío porque el envase en sí tenía más de 100 ml “Is it not the same in Spain? It is a European Union country!” gruñó.

Mientras tanto, Aitor, un vasco con el acento propio, decía tan pancho: “¡Pues yo la otra vez pasé con porros!”. Refiriéndose a su viaje a Cracovia, donde “se olvidó” de quitarse la hierba del bolsillo.
Javi y Eva habían olvidado imprimir su pasaje pero por suerte les imprimieron el papel en el aeropuerto y, a diferencia de lo que hace Ryanair en España, no tuvieron que pagar 40 euros.

El vuelo, que costó 45 euros (bendito Easyjet), duró apenas una hora. A nuestra llegada a Alemania, lo primero que hicimos fue comprarnos la Berlín Welcome Card y dejamos aparcadas, por lo menos en el ámbito del transporte, nuestras costumbres delictivas. Para que ustedes vean la diferencia, una Copenhague Card de 24 horas, vale 20 euros, y una Berlín Welcome Card de 5 días y de zonas ABC (incluído Postdam, una ciudad a las afueras llena de jardines y palacios) vale 34,90 euros. Vale que la Copenhague Card da acceso gratis a casi todos los museos y la Berlín Welcome Card como mucho ofrece descuentos, pero aunque sólo sea por el precio del transporte, es evidente que Copenhague es tropecientasmil veces más caro (aparte de más soso y más frío).

Berlín nos recibió con su cara más gris y lluviosa. Nos subimos al tren, guiados por algunos que habían estado antes (Noel, Victor, Javi…). Lo primero que le llama a una la atención de los trenes son los estampados un poco chabacanos de las sillas, pero que le dan un aire particular. Aquí se separó María, que tenía amigos en Berlín y por tanto camita gratis en otro lado de la ciudad.

Tras cerca de una hora de viaje en tren llegamos a nuestro alojamiento: el hostal Generator. Era un gran edificio situado al lado de la estación de Landsberger Alle, que forma parte de la línea circular o “Ring”. Al entrar al edificio una se sentía como dentro de una nave espacial, con luces de neón azul sobre fondo gris. Por 14 euros la noche teníamos incluido el desayuno, que constaba de pan, café, embutido, mermelada… lo típico. Las habitaciones eran para seis personas, con literas y sin baño, y decidimos que nos repartimos a sorteo, 6 y 6, y quedamos mezclados chicos y chicas, situación que a más de una se le hizo incómoda a la hora de cambiarse de ropa.

Tras dejas las maletas aprovechamos la mañana para ver un poco, por encima, la ciudad. Nuestra primera parada fue la puerta de Brandenburgo, donde algunos se compraron bretzels, panes en forma de lacitos con queso fundido por encima. Vimos, sin adentrarnos, el Tiergarten, y el Reichstag o Parlamento. Javi se encontró con un amigo suyo de Granada, y fuimos a comer a un kebab de un centro comercial. ¿Saben que Berlín es, algo así, como la tercera ciudad más grande de Turquía? Hay tantos turcos que no es de extrañar que aparezcan kebab como setas en cada esquina, algunos realmente deliciosos.

Como estábamos exhaustos, por la tarde volvimos al hotel y dormimos la siesta (yo no, porque estaba en fase insomnio).
Por la noche quedamos con María y sus amigos. Por un lado Javi, de Madrid, que está estudiando en Alemania y es un tipo realmente curioso (ya descubrirán algunos por qués en los siguientes post), Dani, su ex-compañero de piso alemán en Madrid, y la novia de Dani, una alemana de la que no recuerdo el nombre pero con la que ha mantenido una bonita relación a distancia, porque son de ciudades distintas, aunque ahora planean irse juntos a Australia.

En plan era ir a cenar a Yo-yo, un restaurante vegano en la parada de Ostkreuz; pero era muy pequeñito así que nos dividimos y nos acoplamos con María y amigos Cristian, Noe, y yo. Noel se pidió una especie de Giros vegetariano, y el resto unas hamburguesas Babaria. La carne no era carne, sino preparados vegetales, pero nadie lo diría por el sabor. Noel, que quería ir de vegetariano para “cenar algo ligerito” acabó desabrochándose el botón del pantalón de lo llenita que le quedó la panza. Con eso les digo todo. Y hamburguesa y papas por el módico precio de 3 euros y poco. Impensable en Dinamarca, donde, por ejemplo, un bote de yogurth bebible cuesta 17 coronas (2’50 euros más o menos).
Lo mejor del sitio, aparte de la comida, eran los baños, llenos de pegatinas, y dibujos, y carteles. Esto en realidad es muy propio de Berlín, donde no hay una sola farola libre de pegatinas y abundan, también, los grafitis.

Después intentamos encontrarnos con los otros españoles pero les perdimos la pista, y nos quedamos en medio entre ellos y María y amigos, que iban a un bar donde se podía entrar gratis antes de las once. Cristian, Noel y yo vagamos sin rumbo fijo, cruzamos un puente, todo a oscuras, en calles solitarias y con una lluvia constante y fina, que parece que no moja hasta que, cuando te quieres dar cuenta, estás calado hasta los huesos. Al final encontramos a María y amigos, y estuvimos un buen rato buscando un lugar a donde ir, para la discoteca Casiopeia era demasiado pronto así que acabamos en una coctelería donde tomé un buenísimo Sex in the city. Noel, de modo muy congruente, dijo que quería algo suave porque no valía la pena alcoholizarse justo antes de ir a dormir, para, acto seguido, cambiar de opinión y pedir un Desperados (cerveza mezclada con tequila). Estuvimos hablando con la novia de Dani, alemana, que, tras haberle explicado lo caro que era el transporte en Dinamarca y los “truquillos” para sacar partido a la Copenhaguen Card, dijo que le parecía natural que robáramos. Además, comentó que entendía que para los españoles es muy difícil aprender alemán porque tenemos sonidos diferentes; de hecho, estuve practicando con ella una palabra que no se si algún día llegare a pronunciar correctamente: schön.

Como anécdota graciosa, María nos contó que Dani, su ex compañero de piso en Madrid, donde estaba de Erasmus, hacía traducciones literales muy graciosas al español. Por ejemplo: “Ese es un salchicha”. Ser un salchicha en alemán significa estar empanado. Curioso, ¿no?. Además, como le habían enseñado que barriga es “panza”, cuando quizo hablar de la danza del vientre les habló de la “danza de la panza” 🙂

Al final, el resto del grupo español nos encontró y tomamos algo juntos. Antes de esto, un petardazo junto a la ventana donde estábamos sentados nos sobresaltó (“¡Una bomba!” pensé, por primera vez, y no última, en esa noche).
Nos fuimos pronto, porque estábamos reventados. Me pasé la noche en vela dando vueltas en la cama, por esto de que el sueño a veces se resiste a brotar si le despojas de sus hábitos. Casi a las 6 de la mañana, me empecé a amodorrar y a soñar, qué se yo que cosas nebulosas y confusas cuando: ¡¡¡¡¡BOOOOOOOMMMM!!!!! (“¡Una bomba!”- volví a pensar). “¡¡Me cago en la puta!!” oí gritar a Cristian. “Cristian, cierra la puerta”, dijo Sara. Todos, desorientados, tardamos unos segundos en entender lo que había pasado. No se había caído una litera, ni había explotado una bomba, sino que un tipo había pegado tal patadón a nuestra puerta que había roto la manilla y había abollado la taquilla que había justo detrás. Los restos fueron a caer en la cama de Cristian, por suerte sin causarle daños.

Los chicos, Cristian y Javi, resolvieron la situación hablando en recepción y luego con la policía, al parecer unos maromos enormes e imponentes, que les enseñaron unos videos donde se veía a los individuos para identificarlos (Cristian supo decir que era uno con un jersey de colores claros; y con la cabeza medio rapada). Después de esto, las chicas, que se planteaban cambiarse de habitación para que la operación ducha-cambio-de-ropa, etc. fuera más cómoda, cambiaron completamente de opinión.

Ya es tarde, así que les seguiré contando cositas del viaje mañana. 🙂

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2 responses to “Berlín- día 1”

  1. Pitu says :

    cómo que lacitos silvia? son bretzels!

  2. silvita010 says :

    Gracias por la precisión Pilarr!! Corregido queda 🙂

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