La vida re-danesa

Son las 5 pm. Hace ya un par de horas que es noche cerrada aquí en Copenhague, aunque una tampoco nota mucho la diferencia entre el día y la noche por la espesa capa de nubes que siempre oculta a un pudoroso sol de invierno. La nieve y el hielo siguen siendo una constante por las calles de piedra pero, al menos, estos días las temperaturas han dado un salto a la alza hasta alcanzar el grado positivo. Y se nota. Al menos, ahora no duele respirar.

Escribo desde mi nuevo hogar, aunque todavía sea dificil percibirlo como tal. Está todo desordenado y aún la mayor parte de mis cosas siguen en Rockwool, en el salón de Bea y Kaan, donde se hacinan todos los sintecho y todas las pertenencias de los antiguos moradores de la Blue Tower. No obstante, el colorido de las paredes (violeta, verde, amarillo…), junto con todo mi cargamento de inciensos y el quemador a toda caña desprendiendo un olor dulzón a café, me hacen sentirme optimista hacia el proceso de adaptación. En estas cuatro paredes van a darse dos de los retos cruciales de este semestre: uno, convivir en pareja; y dos, convivir conmigo misma cuando me quede sola.

Desde mi llegada a Dinamarca no he tenido tiempo de “parar la pata”. Después de una temporada reparadora en Lanzarote y una visita a Madrid, donde me llené de alegría al ver a tantos buenos amigos, aterricé de nuevo en Kastrup, con dos horas de retraso por la densa niebla que cubría Madrid Barajas en la mañana del jueves 13 de enero.

Mi primera noche aquí fue también la última noche en Rockwool. Al día siguiente, empezó la mudanza. Quién me iba a decir a mí que esto del estudio prosperaría. Les cuento como va la cosa:
Carolina, una ex compañera de grupo de María, le comentó que quería probar a irse a vivir con su novio y alquilar su piso; justo en el momento en el que yo atravesaba mi crisis inmobiliaria personal. Así que, un día antes de volverme a España, vine a echarle un ojo al sitio, y me gustó. Carolina no me dio señales de vida en todas las Navidades, así que pensé que se habría integrado en el maravilloso mundo de la soltería de nuevo pero, para mi sorpresa, cumplió con lo acordado.

Carolina es una persona muy curiosa: tierna, parlanchina y algo patosa. Tiene 28 años, pero parece mucho más jóven, y es una romántica empedernida. Es curioso como,tan solo con analizar los libros, DVDs y CDs de unq persona, se adivinan tantos rasgos de su personalidad. Aqui abundan las comedias románticas y libros como Crepúsculo. Eso sí, el estudio lo tiene decorado con muy buen gusto y ha dejado de todo por aquí. Ahora tengo televisión, radio, congelador, microhondas… Siento que vuelvo a vivir en el siglo XXI.

El contrato es algo “extraoficial”, usemos eufemismos; lo cual me conviene porque de momento solo quiero quedarme aquí tres meses, y luego ya veré a dónde voy a parar. Esto implica que si Carolina lo dejara con su novio, con el que solo lleva unos meses, yo tendría que buscarme otra cosa. También implica que los pagos se hacen en efectivo y los “contratos” a boli. Vamos, un subarrendamiento en toda regla, como en el piso de Hvidovre, de donde nos echaron en el último momento. La diferencia es que aquí no espero que ningún “Landlord-crazy-bastard” me tire la puerta abajo.

De momento no tengo Internet, así que en cuanto me haga con un router publicaré esto en mi blog, que ahora mismo echo más de menos que Facebook y Skype, y ya es decir. Ahora me toca ordenar cosas y hacerme con el espacio interior; cuando haya cumplido esta misión ya me iré a explorar la zona en busca de supermercados, farmacias, parques y demás lugares de interés para integrar en la rutina diaria.
Les dejo unas fotos del estudio en su estado actual y les comento algunas cositas:

*Los zapatos se dejan en el recibidor y se anda por la casa en calcetines, para no ensuciar de barro el parqué, como en muchos países de Europa.

*La televisión tiene un montón de programas en inglés, con subtítulos en danés. Es comprensible que esta gente domine tan bien el idioma. Los españoles estamos muy acomodados con esto de que tenemos la tercera lengua más hablada del mundo pero un poco de VOSE no nos vendría mal en la caja tonta.

*Más allá de las cristaleras hay una terraza que, por sus dimensiones, bien podría ser otra habitación. El problema es que no tiene calefacción central por lo que ahora mismo no es más que una improvisada cámara frigorífica. De echo la hemos estado usando como tal cuando, torpes de nosotros, desconectamos el cable de la nevera y pensamos que se había roto.

*El edificio tiene lavandería abajo, por lo que no tengo que salir a la calle como es típico en Dinamarca, a esas lavanderías donde, mientras se lava la ropa, esperas tomándote un café en una sala contigua.

*Al lado de mi puerta hay una tapa que oculta una gran tubería vertical; por ahí se tira la basura. ¡Qué maravilla! Aquí si que no hay excusa para acumular desechos.

*El baño (y a esto si que no creo que me acostumbre) es muy pequeño. El espacio de la ducha y el váter se confunden. No hay plato de ducha, sino que todo el suelo está hecho del mismo material. Entonces, cuando una se baña (abriendo el grifo que es el mismo para el lavamanos y la ducha), lo más normal del mundo es que el baño se inunde. Pero luego, como por arte de magia, el agua se va por un sumidero oculto bajo el lavabo.

*He encontrado algunas cosas que me recuerdan a la madre patria: un diccionario polaco-español, la guía “Descubra España paso a paso. Tomo 1: Andalucía”, y música de Amaral y Marc Anthony.

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2 responses to “La vida re-danesa”

  1. Vicky says :

    Hello!! ya veo que has tenido suerte con lo del estudio!! y menos mal!! me gusta =)!! y por ahi el mismo frio o va remitiendo poco a poco?? ayyyyyyy por aqui hay un estres propio de estas fechas!! un besitoooo

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