Nuevos descubrimientos

Llevo una semana sin Internet y hoy que por fin me he hecho con un router, resulta que no funciona en mi ordenador, así que estoy de prestado en el de Yannick, lidiando con el molestoso teclado francés y la pantalla que de vez en cuando se pone en huelga. Mis etapas erasmus siempre empiezan con carencias materiales, pero prefiero estar incomunicada pero tener agua caliente.

La vida sigue en este pequeño estudio, cada vez más mío, o más nuestro, donde aprendo cosas tan interesantes como que las manchas de vino desaparecen como por arte de magia cuando se les pone sal gorda encima para que absorba el líquido elemento, y luego se hace la colada normalmente. Amazing.

He estado pululando por la zona y, aparte de un Netto y una cafetería asequible al lado, tenemos Fotex, un supermercado gigante con COMIDA VARIADA. He entrado en éxtasis cuando he visto legumbres, todo tipo de frutas y verduras, comidas del mundo, y… ¡Pescado!. Y el hecho de tener congelador me ha permitido capturar algunas delicias de la sesión de congelados. Se acabó la dieta mono-bollítica-espaguética.

Además, me he percatado de algunas diferencias Dinamarca-España nuevas. Por un lado, la aceptación de las canas: las señoras mayores van en su mayoría con su pelo blanco, a juego con la superficie nevada, no como sus coetáneas españolas, que se dejan el sueldo de las escuetas pensiones en tintes negros y castaños. La segunda diferencia: los productos de limpieza daneses, si tienen alguna etiqueta con forma antropomorfa en su paquete, ponen individuos del género masculino singular, muy sonrientes ellos. There is not male-chovinism in the Wellbeing society.

Mi acceso a la televisión danesa ha sido frustrante: aparte de algún documental o alguna serie americana tipo House, no hay nada que mantenga mi atención más de 5 minutos. Los anuncios, quizás. Me hizo gracia ver la publicidad de Actimel con una rubia de mediana edad montando en bicicleta a través de la nieve; en la TVCanaria siempre sale la típica madre de familia con los niños en manga corta que se toma sus Lcasei para aguantar el ritmo.

He de decir que la Copenhagen Card me ha vuelto a jugar una mala pasada. La compramos Yannick y yo para llenar los días de este mes con excursiones varias y hoy, cuando he intentado cambiar la hora… ¡No sólo se ha borrado el número y la banda sino todo el recuadro blanco! Deben de haber desarrollado un nuevo tipo de tarjeta anti-engaño. En realidad, ya era hora. Pero… ¡¡¡Jooooo!!!

De todos modos la hemos aprovechado; primero que nada, con una excursión frustrada al NY Carlsberg Glyptotek, con colecciones de arte de distintas partes del mundo. Descubrimos que cerraba el lunes y la única alternativa que nos quedaba era el acuario así que para allá fuimos. El Danmarks Aquarium está en Charlottelund, a las afueras de Copenhague, en una zona preciosa con grandes parques que acaban en una explanada de hierba que conduce al mar, con el puerto de Nohavn de fondo. En una esquinita está el pequeño acuario, que está a años luz de parecerse a algunos realmente impresionantes como el del Loro Parque de Tenerife, con su túnel acristalado con enormes tiburones dentro. No obstante, fue entretenido: habían peces Picasso, pirañas, langostas centenarias, un pulpo gigante, una tortuga enorme y unos peces del amazonas que se sienten atraídos por la orina humana y, al parecer, se registran todos los años casos en los que los inquietos parásitos acuáticos se cuelan en la vagina de las mujeres.

Lo que me parece mal es que un país tan rico como Dinamarca no ponga a los animales en unas peceras de dimensiones apropiadas; el pulpo y la tortuga gigante tenían menos espacio que los colegiales del Johnny en las habitaciones individuales, y ya es decir.

Hoy hemos repetido plan cultural, esta vez en Ordrupgaard. Es un museo muy interesante que está en uno de esos tantos “in the middle of nowhere” de Dinamarca. Para llegar hay que ir en tren hasta Klampernborg y luego coger la guagua hasta Vilvordevej. El museo era una casa enorme rodeada de jardines, decorada con muebles antiguos y en cuyas paredes habían, sobre todo, cuadros de impresionistas y postimpresionistas franceses: Monet, Degas, Sysley, Renoir… y hasta los famosos carteles de Toulouse-Lautrec. También había una exposición temporal sobre arte japonés y sobre cómo el japonismo influyó en la pintura europea de principios del XIX. En esos momentos me alegro de las clases de Arte Contemporáneo y del tocho gigante que hubo que estudiar.

Aprovechando la Copenhagen Card también hemos ido a Trekroner. Ayer había una cena-despedida de Lance, el americano, ese pequeño y curioso ser que siempre andaba cantando y diciendo “My body is beautiful”, o “I know you love me. You are gonna miss me”, y viviendo de prestado en Rockwool. Entre el vino y las canciones que estaban cantando, acompañados por la guitarra de Pedro, un portugués mazado con su punto de artista, nos pusimos nostálgicos: Servet depresivo, Lance serio, María con la lágrima en el ojo… y yo, al final acabé contagiádome de esa ligera sensación de funeral. Se mezclaban los que se van con los que vienen, como las dos eslovenas que hqbitan ahora las habitaciones de Ivanna y Sonja. D.E.P. Erasmus para muchos; para mí aún tiene que renacer de sus cenizas.

Con esto de que no tengo Internet, no había podido revisar mi correo. Resulta que quería ser mentora pero él primer y único mensaje que recibí fue el viernes por la noche: “No tienes que ir a buscar a fulanita al aeropuerto. De pronto parece que todo el mundo quiere ser mentor”. Mi reacción fue: Ok. Pero ni siquiera sabía que tenía asignada una fulanita.

Resulta que el otro día llaman a Yannick diciendo que mi “mentee” estaba en la habitación de Leni, una alemana que también es mentora, y que fuera a Korallen a conocerla. La cosa es que los coordinadores Erasmus no me avisaron de que no sólo tenía una fulanita de la que luego no me tenía que hacer cargo, sino también una menganita, Stephanie de Francia, de la que sí. Como estoy sin Internet, no me avisaron los coordinadores y la individua me mandó un escueto mensaje el día antes de venir, no me cosqué del asunto. Soy la peor mentora del mundo, pero no es mi culpa.

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