Despedirse y otros menesteres

Esta es la canción de las noches perdidas
que se canta al filo de la madrugada
con el aguardiente de la despedida,
por eso suena tan desesperada.

(J.Sabina)

Despedirse es una ardua tarea, al menos si se quiere hacer de forma equilibrada. Primero tienes que evaluar la intensidad de tus emociones dependiendo de cada persona; y a veces resulta que a quién no esperabas echar de menos es a quién más te duele decir adiós. Luego hay que escoger las palabras adecuadas, y la mayoría de las cosas que se le ocurren a una suenan a topicazo: “Te echaré de menos”, “Que te vaya bien”, “Espero volver a verte”, “Este no es el final”… y tantas otras. Así, el jueves pasado me encontré repitiendo a dos personajes turcos algo que miles de Erasmus habrán dicho mucho antes que yo: “Les echaré de menos, porque ustedes han sido mi familia aquí”.

Si la despedida de Lance me puso nostálgica, la despedida de Servet y Kurshat me hizo llorar como una magdalena, en una noche regada con Raki, una bebida turca de unos 40º con sabor a Anís el Mono, en la que acabamos Yannick y yo perdiendo el tren de la 1 hacia Copenhague y, por ende, no pudimos volvernos hasta las 5, por lo que invadimos el piso de las eslovenas que ahora viven en mi antigua casa, que debieron flipar y acabé practicando esa actividad tan propia de Rockwool, el “puking from de window”.

La tarde del jueves fue feliz, con visita de María y Virginia a esta gran mole de estilo soviético donde vivo, y después con la integración al plan de los turcos que me hicieron un truquito al ordenador y ahora tengo Internet, al menos mientras Yannick esté aquí y utilice su pc como router con la red compartida.

La fiesta en Korallen del jueves fue extraña; con algunas constantes como el fantástico DJ Antoin llegado desde Paris, y algunas otras caras conocidas; pero la mayoría eran nuevos erasmus y erasmusas, pasandolo bien, aún inconscientes de los cambios que irremisiblemente van a producirse en Korallen. Al final, creo que todos los Erasmus en Trekroner son iguales, es la misma historia que se repite una vez y otra, las mismas actividades, emociones, cambios en las relaciones… Con ese ambiente de expectación y novedad, me sentía, y sentía a los Erasmus del semestre pasado, como juguetes viejos, desgastados por el uso. Y en ese mismo ambiente, inapropiado para la nostalgia, me tocó decir adiós a Servet y Kurshat que, aunque no fueran las personas más populares, más sociables o más limpias del mundo, eran mi familia aquí.

No puedo olvidar el día que iba en cholas y para que no se me congelaran los pies Servet me dejó sus olorosos calcetines, o el día que Sonja cerró con llave la puerta de la cocina y me quedé a dormir en el colchón malholiente de Servet con una película turca de fondo, o los chistes facilones de Kurshat, siempre lento, con su taza de café a las tantas de la noche. Cómo olvidar el día que Servet tuvo una paranoia de muerte tras probar el material de Cristiania que suministraba Kaan, después de asegurar que él no sentía nada diferente; o ese juego que consistía en pegar puñetazos y en el que, al final, Kurshat acabó bebiendose un mejunje asqueroso con ketchup, refresco, huevo crudo y otras delicias. Y qué decir de la primera y última fiesta Rockwool, de las noches de películas, de la primera y última cena con Pasta in the Ovn, de la visita a la exposición de David Lynch y la feria de diseño…

Supongo ésta despedida ha sido tan dura porque se que a María, Cristian y Yannick volveré a verlos, pero ellos han muerto en mi vida para siempre, aunque quede pendiente un viaje a Turquía. Ahí radica el drama de las despedidas, el fallecimiento físico en nuestra vida de alguien que, a fuerza de rutinas, se ha ganado un hueco en nuestra memoria por mucho tiempo.



Y cambiando radicalmente de tema, tras una semana de convivencia en pareja sigo aprendiendo cosas interesantes. Lección número dos del ama de casa: las manchas de café desaparecen poniendo la prenda en remojo en agua fría. (Y cuando escribo esto me pregunto a mí misma: Hola, ¿Quién eres tu? ¿Qué has hecho con Silvia?. En fin… )

En estos días el descubrimieno más interesante ha sido la exposición de fotografía española en el diamante negro, la gran biblioteca de Copenhague. El título era: “Nuevas Historias” y lo que más me llamó la atención fueron unas fotografías de un naufragio en Fuerteventura y el paradero de los objetos que habían en el buque; así como un video de unas mujeres con velos negros que contrastaban con el blanco del salar de Uyuni, en Bolivia. (http://www.kb.dk/en/dia/udstillinger/nuevas_historias.html)

Pero también han resurgido esos momentos de odio intenso hacia la vida danesa, que me hace sentirme una pobre miserable. Descubrir que no había modo de hacer funcionar el router por mí misma en el ordenador, que los planes Copenhagen card se jodieron por siempre jamás ahora que no hay líquido mágico que borre sin dejar huella (y los museos y exposiciones valen unos 10 euros cada uno, aún siendo estudiante) fueron sólo la guinda del pastel. El peor momento fue cuando, tras preguntar en el dentista cuánto cobraban por extraerme los puntos de la muela que me quitaron, gratis en España, me repondieron: “Barato. Solo te saldrá unas 376 Kr (50 euros)”. ¿Solución? Me estoy extrayendo los puntos por mí misma con unas tijeras de cortar papel y tirando con los dedos. Solo me faltan 2 puntos de 8, así que creo que sobreviviré.

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2 responses to “Despedirse y otros menesteres”

  1. nowel says :

    Me encanta releer entradas del pasado. Cosas que tenían sentido en su momento. La memoria y el olvido, los sentimientos y las emociones, es algo que me fascina del ser humano. Como lo que en un momento te parece drama, luego te resulta extraño. El Hombre es un ser adaptativo

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