Los guantes rojos

El acontecimiento como principio generador del cuento. El grano de maíz rojo, (¿Recuerdan?)

Cae la noche en Ryparken, como cualquier otro día; arde el cielo en el plus ultra. Observo su brillo tembloroso desde mi terraza: Esta noche merece vivirla despierta. Me enfundo un vestido azul, de rebajas; retoco el maquillaje. Un toque de Armani Code en la muñeca y lista. ¡Corre Yannick!, a lo mejor llegamos al tren de las y 20. Pero no, el tren ya se había marchado, como siempre. Vino blanco de la Rioja para él; y para mí también vino español, mezclado con refresco de guaraná. Bien sabroso. Hablamos de que el mundo está lleno de turistas alemanes, y trabajadores turcos, y señales españolas. ¿Dónde? En la denominación de origen de los vinos más baratos, en la nacionalidad de los tomates y las naranjas (por desgracia no de los plátanos, que aquí no tienen manchitas negras). España está en los discos de Carolina (Pájaros en la cabeza…), en la exposición de Picasso en Lousiana, en el cine (Biutiful, con Bardem), en la cafetería Rayuela donde se mezclan libros de Isabel Allende que me recuerdan a mi adolescencia, con guitarras españolas y gente que toma café y cotillea con acento del sur, o en inglés. España está en el diccionarios español-polaco de mi casa, o en el libro “Descubriendo Andalucía paso a paso”, o en el diccionario español-danés que encontré en Rockwool, o en las conversaciones en español que se escuchan en el tren, en la calle, en todas partes. España está en el recuerdo de casi todos los daneses. Y a decir verdad, todavía no se si esto me resulta grato o molesto; pero siempre me trae nostalgia.

Al fin llega el tren a Ryparken que nos traslada a Copenhagen Central Station y allí cogemos otro que nos llevará de vuelta a Trekroner. Por el camino Yannick se pone reflexivo y habla de algunos “misunderstanding” por culpa del spanglish, de esas palabras de apariencia parecida en español y en inglés; pero cuyo significado varía sensiblemente. Los famosos false friends, vaya. “Recuerden que “constipation” no es constipado, sino estreñimiento”, decía Eva, mi profesora de inglés de Bachillerato.

Cuando llegamos a nuestro destino nos encontramos con Matteo, que también va de visita a su antigua casa; y quedamos con Lena, una chica de Riga que estará en la RUC por tres años; y su compañera de piso. Visitamos Rockwool; una chica en pijama sonríe cuando la instamos a ir a la fiesta de Korallen. ¿Cómo puede haber gente que no vaya de fiesta al comienzo mismo de su Erasmus?. “Ivanna II”, la secuela. Kaan, mi antiguo vecino de arriba, estaba en su cuarto; se dislocó la muñeca jugando a futbol y le tuvieron que recolocar el hueso: “I was high with the morphine”, nos cuenta, “Tomorrow they will put metal things in here” y señala su brazo escayolado. Me recuerda al accidente de bicicleta de Virginia y se me ponen los pelos de punta.

Al final, llegamos a la fiesta de Korallen, “Back in the days” es la temática, y se supone que había que ir vestido como en los ’70, ’80 o ’90; aunque la mayoría de la gente no iba disfrazada. De nuevo recuerdos: la mítica 80’s party del anterior semestre. DJ Antoin sigue haciéndose cargo de la música, esta vez variando el repertorio. En una fiesta como tal no faltaron las Spice Girls y los Back Street Boys: Everybody, yeah, Rock your body, yeah… .

Vamos a hacerle una visita a Encarni y por el camino nos encontramos con un francés que también rehúsa a unirse a la fiesta. Desde la cocina se oyen risas. Son españoles, siempre en party mood; también está por ahí mi pobre mentee, que ha tenido la mentora más desastre del mundo mundial. En el piso de arriba la fiesta empieza a animarse, pero es casi la 1 y tenemos que irnos: o cogemos el tren a la 1.05 o a las 3.23.

Por supuesto, como no podía ser de otro modo, perdimos el tren (y mi chaquetilla negra); así que, de nuevo, invadimos Rockwool, está vez el salón de Kaan y esperamos allí en un estado bastante decadente hasta que pudimos coger el tren a Copenhague. En el tren, el inspector se ensañó con un chico que decía vivir en Korallen. “¿Qué haces todo el tiempo en el tren desde Copenhague a Roskilde y desde Roskilde a Copenhague. Se que estás aquí porque intentas robar a la gente que está dormida en el tren.No te creas que somos estúpidos. Vete de aquí o llamamos a la policía”.

El tren nos dejó en Osterport; no había tren a Ryparken hasta dentro de 40 minutos, y lo mismo ocurría con las guaguas nocturnas. Hacía un frío gélido, de ese que se enreda dentro de los pulmones y hace castañear los dientes. “Cojamos un taxi, yo pago”. Pero ya dentro del taxi, no encontraba la tarjeta de crédito. “¿Puedes pagar tu? Yo no tengo suelto”, y él empieza a contar las monedas en su cartera. “Déjenos mejor en Svanemollen, que es más barato”. El taxi llega a su destino; no tenemos dinero para pagar las 95 kr; sólo tenemos 80 kr. El taxista se enfada y nos increpa: “Why do you take a taxi if you don,t have money?. Get out! Get out!”. Y nosotros nos bajamos. ¿Dónde abre metido mi maldita visa?. El vehículo hace una pirula, con un fuerte rugido de motor y chirrido de ruedas, como enfadado, y desaparece en la oscuridad. Estamos a una estación de casa, pero no sabemos que dirección tomar. Intentamos preguntar a otro taxista pero nos mira como a malhechores y nos ignora deliberadamente. “Shit. What can we do now?”. Vamos a la estación de tren y esperamos 27 minutos. Qué perdida de dinero, con el taxi. Una eternidad y media después vemos las luces del tren quebrando la oscuridad de las vías. 5 minutos más y hubieramos quedado más crionizados que Walt Disney.

Nos sentamos. A mi lado, unos guantes rojos de salvaje hermosura y tacto aterciopelado; ¿Qué hombre no sueña con que una mujer le acaricie el torso con ese peluchón carmesí afrodisiaco?. Me los enfundo y me los llevo a casa. Debe ser una compensación del karma por otra típica serie de desafortunados acontecimientos. El tren llega a su destino. No debe de faltar mucho para que amanezca; nos dirijimos a esa mole de apariencia soviética donde vivimos; yo agito las manos, protegidas de Céfiro por los guantes rojos, y me regalo a mi misma una buena carcajada.

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  1. Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya - febrero 18, 2011

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