Días de mapa y trenes y noches arcoiris

Me encanta que mis amigos tengan esa chispita de locura que vuelve el mundo más interesante. Tras una despedida muy rápida en el tren con la persona con la que he compartido este pequeño cubículo durante un mes entero, Pablo apareció por detrás pegándome un buen susto que hizo desaparecer los atisbos depresivos de un plumazo. Desde ese momento no ha habido lugar para las lágrimas, sólo para las carcajadas. Paula se ha reencarnado en Sisí emperatriz, con su gorro de pelo al estilo ruso; y Pablo ha venido con muchas, muchas ganas de fiesta, y dispuesto a hacer de todo por el mero amor a la documentación informativa. Qué profesional, si es que lleva el periodismo en la sangre.

El primer día, a pesar de haber llegado después de una noche de aeropuerto en Zurich, se vieron media ciudad. Por supuesto, la primera parada fue mi barrio vecino, Nørrebro, donde disfrutamos todas sus bondades: la biblioteca, los kebap crujientes por sólo 15 kr (con un turco que confundía español con italiano y nos decía: Preeego, beeeella; Bon appetit!, Buongiorno!), el cementerio (donde dimos un buen rodeo antes de plantarnos frente a los restos de Kierkegaard y Andersen) el 7eleven (y sus croisanes y bollos deliciosos), y hasta Rayuela, el bar español donde hablamos de libros y tomamos un cortadito con un cachito de tarta. También andamos por Nørreport, y fuimos al Tiger a curiosear las baratijas con glamour de los daneses y al Netto a descubrir los yogures sabrosos y las palomitas que están como recién hechas y que causan más adicción en Pablo que los cigarrilos. El viaje de vuelta fue en el vagón silencioso, del que tuvimos que salir porque el simple hecho de no poder reírse a veces es el mejor motivo para hacerlo. También hubo tiempo para visitar a la Little Mermaid, ese retaco que ya me genera antipatía, y caminar hasta Amalienborg y la iglesia protestante esa tan grande y tan bonita que hay al lado, junto a la Iglesia ortodoxa rusa que parece el castillo de Aladin. Por la noche, unas cervecitas en Undersellet, un bar graffiteado y un poco kinki pero con un ambiente bastante danés.

Ayer me quedé en casa hibernando para evitar que mi resfriado se convirtiera en algo peor; mientras Pablo y Paula iban a Malmö, a explorar el país vecino. Suecia les encantó; y sus habitantes más. En la lucha por la belleza entre suecos y daneses no es aplicable el Para gustos, los colores..
-Impresiones: “Se oía gente reirse en los trenes”, “La ciudad era chiquitita, pero muy cuca”, “Suecia lovely. Sweeeden”, “Fyyyyrá!”.

Por la noche cenamos unos spaguetti improvisados y mientras se nos unía Virginia (¡Siempre tarde!), empezamos a hacer uso de las botellas de Negrita y vodka Knebep, mientras jugábamos a ese juego tan para mayores que consiste en poner un montón de parejas de cartas boca abajo, levantar de dos en dos e intentar acertar y cantábamos canciones de Rocío Jurado y bailábamos reggaeton antiguo.

A las eso de las doce de la noche, con un horario muy español, cogimos el tren rumbo a Vestergade en busca del barrio gay, manteniendo una acalorada discusión Madrid-Barça con un grupo de negratas, sin saber muy bien a cuento de qué. Intentamos entrar a un bar del que nos habían dado muy buenas referiencias, “Cosy”, sobre todo un grupo de danesas borrachas que nos aseguró “There are beautiful danish boys and girls”; el caso es que no llevaba conmigo el DNI y no me dejaron entrar por mucho que Paula intentó camelarse al portero y un peludo gritaba desde adentro: “Ohh, come on. They are Spanish!”. No hubo manera.

Acabamos en un antro, The Jail, donde la media de edad rebasaba los 35 años; nos compramos unas cañas y a partir de entonces todo se volvió borroso: Michel o Michelle, hombre o mujer, chilena o uruguashaa, se convirtió en nuestra compañía nocturna. Hubo una procesión de pseudoasiáticos que mandan mensajes imprecisos; croatas que arriman la cebolleta a hombres y mujeres por igual y que poco les importa que sea Michel o Michelle, Virginia, Pablo o Paula; luego apareció un danés, y una lesbiana postmenopaúsica en busca de yogurinas. Muy divertido. Después de hacer una visita a otro bar, Masken, nos fuimos con nuestro/a acompañante de género neutro hacia la estación, nos pillamos una chicken salsa en el Mc Donalds y para casita a dormir. ¿La frase del día? Sin duda, la despechada “Ella dirá lo que quiera, pero no tiene vulva”.

Es sábado por la mañana. Hace sol. ¡Nos vamos a hacer turismo!.

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2 responses to “Días de mapa y trenes y noches arcoiris”

  1. nowel says :

    ¡¡Nos vamos a hacer turismo!! Es la frase del dia de hoy, ¿no?

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