Dando tumbos por el Benelux

En apenas dos días, he dado un tour desde Bruselas a Maastricht, y se esperan nuevos desplazamientos. Es demasiado pronto para descripciones y anécdotas, pero les cuento mis primeras impresiones.

Bruselas es una ciudad pequeña, pero bulliciosa, con edificios clásicos y modernos, y algunos preciosos de Art Nouveau como la Casa Tassel. Pero sin duda, lo mejor, es su diversidad: francés, flamenco, español, inglés, alemán… se mezclan por sus calles, donde no hay una tipología definida de personas, sino que se mezclan altos, bajos, gordos, flacos, negros, rubios, morenos, con sus diferentes estilos. Hay miles de restaurantes de todas partes del mundo pero sin duda, y he aquí el por qué de mi enamoramiento de la ciudad, lo que predomina son las tiendas de chocolate. El aire tiene un olor dulce irresistible.
El símbolo de la ciudad es aún más pequeño que la sirenita de Copenhague, apenas un retaco conocido como Manekken-Pis, una fuente con un niño meando.

La casa de la familia de Yannick estaba en el extremo Sur de la ciudad, lindando con un monte, de modo que ayer, que nos lució un sol de 25ºC, desayunamos en la terraza viendo los arbolitos. Su mamá preparó una cena y un desayuno dignos de la realeza: queso, salsas españolas, jamón serrano, salami, rollitos de salmón con nata, verduras, carne, aceitunas… acompañados, como no, de una cerveza.
Eso sí, me he pasado el fin de semana haciendo grandes esfuerzos por comprender el rumbo de las conversaciones, lo que resultó bastante dificil ya que mi conocimiento de alemán se limita a colores, números, comidas y unos pocos verbos básicos. No se qué de una guitarra. No se qué de color amarillo (y risas… algo gracioso deben haber dicho). Toda mi atención centrada en esas pequeñas pistas linguísticas y en el lenguaje corporal (quién carajo dijo que representaba el 80% de nuestra comprensión, porque se equivocó).

Dijimos adiós a Bruselas, pero sólo temporalmente, y tomamos rumbo hacia Maastricht. También una ciudad pequeña, pero con un ambiente jóven muy agradable: un montón de biciletas, gente tomando el sol a la orillas del río…
En la residencia de Yannick hay dos alemanes y una americana (y dos chicas que son el equivalente de Ivanna y Sonja, así que no espero conocerlas).

Y eso es todo, les dejo que hoy toca visitas turísticas por la ciudad.

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