Infernal viaje en tren

Todo es posible a bordo de un tren; más éste procede de “chaotic Belgium”.

Tras una caminata mochilera desde la residencia de Yannick hasta la estación, cruzando el Río Maas con su simpático “Botel” atracado en la ribera, nos encontramos con algo que parece ser casi como el pan de cada día: ¡Huelga de maquinistas!. Era la 1 pm. Para mejorar la situación, descubrimos que mis tres tarjetas de crédito/débito no sólo no funcionan en ninguno de los cajeros de la pequeña Maastrich, ciudad de estudiantes, sino que tampoco lo hace en los cajeros para “travellers” de la estación.

Como el siguiente tren pasaba a las 4 pm, decidimos irnos en guagua a Liege, una ciudad belga a medio camino cuya principal atracción turística es su estación de trenes, construida por el paisano Calatrava. La estación me recordaba un poco a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. En fin, la cuestión es que para llegar allí hicimos más de una hora de recorrido en carretera, viendo las laaargas llanuras y las casitas con sus jardines, sembrados de tulipanes. Muchos de los presentes en la guagua íbamos camino de Bruselas, y no sabíamos exactamente dónde quedaba Liege, nos íbamos siguiendo los unos a los otros y al final, llegamos a nuestro destino.

3.45. En 15 minutos un tren salía de Liege con destino Bruselas. Como había huelga y muchas cancelaciones, el tren estaba a reventar; peor que el metro de Madrid a hora punta. Para entrar, contamos con el apoyo de un señor que nos invitó a sumergirnos en el tetris humano, dado nuestro grado de desesperación. Merci Beaucoup!.
4 pm. y el tren sigue parado. Al rato, se cierran las puertas, pero el tren tarda eternos minutos en ponerse en marcha. Empieza a oler a sudor. La gente está nerviosa, resopla. Pide aire acondicionado. Se queja. Al final, el tren empieza a andar, muy lentamente. ¿Y si salimos afuera y vamos andando? Quizás lleguemos antes.

A los 10-15 min. el tren se detiene completamente. Empieza a sonar la alarma de incendios. La gente se mira una a otra: ¿Es esto una broma?. “Strike is normal here. But is the fire alarm also normal?” Yannick se encoje de hombros. La alarma no para de sonar. El ambiente está viciado, hace mucho calor. Cuatro revisores aparecen, con gotas de sudor precipitándose por sus mejillas, haciéndose paso trabajosamente entre la multitud. “Maybe someone is collapsed”. Se abre la puerta que nos separa a los que esperamos entre las puertas, y los que tienen la suerte de ir en el vagón, algunos incluso sentados. Aparece un hombre alto, delgado, que camina con los hombros caídos, y tiene un tick nervioso en el labio superior. Tres de los revisores vuelven a sus puestos y el tren comienza a moverse bruscamente, de modo que el señor del tick queda muy pegado a mi, su aliento sobre mi nuca. Entonces, aparece el último revisor, gordo y sudoroso y empieza a hablar en francés con el tipo extraño. Le pide su pasaporte y este repite una y otra vez a gritos: Je vous dis que je n’ai pas!!. Un negro apoyado en la esquina de una de las puertas mira a su mujer y hace el gesto universal de la locura, con el dedo índice dibujando circunferencias sobre la sien. Su mujer, una Venus de Willendorf color ébano, se persigna.

Al parecer, el tipo, que estaba un tanto desequilibrado, había pulsado la alarma de incendios y detenido el tren. El camino hasta la siguiente parada se hizo interminable, con el revisor sudoroso y su uniforme de cuento infantil muy pegado a mi, como barrera protectora entre la masa y el loco. Justo la noche anterior habíamos visto “The Royal Tenebaums”, y tenía miedo de que el tipo fuera como Pagoda, un indio con un pequeño cuchillo que se dedicaba a apuñalar en las tripas al viejo protagonista. Por suerte, en la siguiente parada, el perturbado se bajo tranquilamente, como un perrillo siguiendo al gordo revisor, y todo quedo en una gamberrada.

El tren se volvió a poner en marcha y al rato, cuando pensamos que el episodio subrealista del día había concluído, apareció andando por el tren un hombre, de unos cuarenta años a juzgar por su cara, con el pelo largo teñido de naranja y recogido en dos trenzas al estilo Pipi Lamstrumb, vestido de mujer, o de niña, y llevando a cuestas un pianillo eléctrico. Por suertes, aparte de la incomodidad de la masa de aplastarse como un acordeón para dejarle paso, no perturbó de ninguna otra manera el trayecto.

El que sí resultó perturbador fue un italiano con acento inglés americano que estaba hablando con una pareja de belgas de las montañas, y estaba quejándose y poniendo en duda el derecho de los maquinistas a la huelga: “They think that they can do wathever they want. And everyone but not they know that. And because of that they did so many strikes without results”. Después el amigo empezó reconociendo que era consevador y se centró en un análisis de España, como si el supiera muchísimo de nuestro país con ese tono de voz del que piensa que sus palabras son la verdad relevada: en ningún lugar como en España se ven los efectos de la crisis, decía, como en los pueblos fantasma de Extremadura, con casas nuevas que nadie habita porque nadie tiene dinero para comprar. El comentario del tipo fue “It was like in a Horror Movie. And the worse is that the government don’t put a wall to protect them. They don’t care any more”.

Hasta ahí, la conversación no me importunaba demasiado, a pesar de que hubiera preferido que, ya puestos a criticar, mirara el arsenal de cosas reprobables que se cuecen en su propio país en manos del mediático Berlusconi. Pero después la cosa empeoró. El ragazzo empezó hablando del crecimiento económico, de que no nos importaba nada el futuro, simplemente disfrutábamos. De que (aquí empieza lo jodido), empezamos a querer estar a la altura, y empezamos a poner medidas progresistas locas. “In Spain…– decía el tipo, poniendo énfasis en casa palabra- they destroyed the role of the mother. They have now progenitor 1/progenitor 2; and they allow homosexual people to marry”. Aquí empecé a hacer la respiración-yoga que me enseñó mi madre. Ya empezamos con el discurso católico-apocalíptico de la exterminio de los valores de la familia tradicional…

Para rematar su discurso, empezó a criticar que la ministra de Defensa fuera una mujer, y que fuera a Afganistán estando embarazada diciendo que el rol de esa ministra hubiera sido proteger a los soldados y que obviamente no estaba en condiciones. Mira, mira. No le empecé a increpar al susodicho porque tenía demasiada sed como para gastar saliva en causas perdidas. Por suerte se marchó en la siguiente estación y aproveché su ausencia para ocupar su puesto y disfrutar un poco del silencio.

Finalmente, a eso de las 6 pm llegamos a Bruselas y, tras un pequeño viaje en tranvía y una caminata cuesta arriba, alcanzamos nuestro destino. Kuki, con su oreja y media (la otra media la perdió en una batalla con otro perro más fuerte), ladraba y movía la cola como símbolo de bienvenida.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: