Brujas

Mi primer contacto con Brujas fue a través del cine, con la película: “Bruges” (Escondidos en Brujas) de Martin McDonagh. Demasiado violenta para mi gusto, pero un buen entremés antes de visitar la ciudad. Uno de los personajes, asesino a sueldo, le dice a su jefe, en una de las escenas de la peli, que en esa ciudad es imposible matar porque es “like a fucking fairy tale”.

Y es verdad, Brujas es como un cuento de hadas; apenas puede una imaginarse nada malo escondido tras sus pétreas paredes. Con sus casitas pequeñas, sus calles de piedra y sus numerosos canales, que le han llevado a ganarse el sobrenombre de la Venecia del norte, Brujas es el lugar ideal para volver a ser niños. Es fácil imaginar que hay mil fábulas gestándose tras las paredes de sus múltiples chocolaterías, castillos e iglesias.

La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el año 2000 y está apenas a una hora en tren desde Bruselas, por lo que no es de extrañar que esté repleta de turistas (españoles, ¡Españoles por todas partes!). Sin embargo, en vez de resultar molesto, los turistas que llenan las calles y pasean tranquilamente le aportan al sitio un no-se-qué de domingo perenne e intercultural. (Téngase en cuenta que es Pascua y primavera, supongo que en temporada baja será diferente).

Hace 800 años, Brujas era la capital del condado de Flandes y una de los núcleos comerciales de Europa. Esto derivó en un florecimiento del arte. Brujas es, además, capital de museos. En el Museo Groeninge, por ejemplo, uno puede disfrutar por el módico precio de 1 euro (8 euros, si se es mayor de 25 años) de todo el legado artístico de pintores flamencos como Jan Van Eyck o Hugo Van der Goes.

Brujas también es famosa por sus mercados. Nosotros tuvimos la oportunidad de pasear por el Mercado Flea en Dijver, llenito de antigüedades, tesoros de segunda mano y algunas sortijas originales. Me llamó especialmente la atención una colección de trabas para el pelo decoradas con manices crudos, galletas de mantequilla, smarties… Eso sí, la originalidad se paga: cada trabita, por ejemplo, 6 euros.

Brujas tiene una Escuelas de estudios Europeos que presume de ser de las más antiguas y prestigiosas. También, para los religiosos y los amantes del arte y el cromatismo, conviene visitar la Basílica de la Santa Sangre, con sus vidrieras de brillante colorido y su reliquia de la Santa Sangre, que sólo se muestra al público los viernes; y todos los días del 3 al 17 de Mayo. Supuestamente la reliquia de la sangre de Cristo se conserva en una botella de cristal de Roca, fabricada en Constantinopla alrededor del siglo XI. Aunque la Biblia no menciona que se conservara la sangre del cordero de Dios, en los Evangelios apócrifos se menciona que José de Arimatea conservó el agua con el que se lavó su cuerpo en una botella. Sea como sea, es una leyenda curiosa, y cada año al final de la primavera hay una gran procesión.

La ciudad tiene un aire bastante navideño, por lo que no defraudará a los que prefieran visitarla en Navidad, y sentarse a disfrutar de un chocolate belga calentito mientras afuera todo se tiñe de blanco. No obstante, la primavera y el verano son perfectos para pasear por los parques, cubiertos de enormes tulipanes de colores, o darse un paseo en barco por los canales o en carruajes por sus calles de piedra. Eso sí, con un día: suficiente.

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