Kastrupvej

Al habla desde Kastrupvej ( /kaasthjupfai/ ). La vuelta a Dinamarca ha sido menos traumática de lo que esperaba. Con un clima primaveral que oscila entre los 3ºC y los 18ºC, la lluvia y el sol, parece que al fin puedo desterrar la idea de las noches infinitas y las cachetadas de frío, y el hielo y el granizo que le quitaban a una las ganas de salir a dar un paseo.

De todos modos, no se crean que todo es perfecto. La casa es típica danesa, con su tejadito a dos aguas, pequeñita y coqueta, con mi ventana dando a un jardín con un almendro en flor. Vivo con un tipo cuarentón susceptible de parecidos razonables con Frankestein y Jes Dorph-Petersen (un periodista danés), con un negrata rapero que escucha música las 24 horas del día y que parece tener flemas perennes en la garganta, con un lituano? rapado que supuestamente trabaja de cartero… y, la verdad, no se si hay alguien más aquí. Hay un gordito danés que vive en frente y que, cuando me explicaba el funcionamiento de todos los artilugios caseros y yo señalé la lavadora me contestó muy pedagógico:

That is a washing machine. For clean your clothes.

Ya se que es una washing machine, mi orondo amigo, ¿crees que vengo de las islas Andaman? En mi casa también tenemos lavadora. Le expliqué que sólo me interesaba por el aparato para que me explicara cómo funcionaban los distintos programas, porque estaba todo en danés. Luego, me dijo que él era el encargado de la casa, aún más hinchado por el orgullo, y que si tenía problemas con el mobiliario hablara con “Franki”, pero para problemas con la gente, me dirigiera a él. Así pues, ya se como funciona la Administración pública de la casita.

Cuando le dije que la nevera de la cocina estaba repleta, me dijo que yo usara una, vacía y sucia, al lado de la lavadora, un piso por debajo. Yo, que tengo la habitación al lado de la cocina, decidí dejar una cajita de leche en espacio ajeno para ahorrarme el bajar al menos para prepararme el café. La leche desapareció ayer sin dejar rastro, ¿me la bebería y no me acuerdo?.

Para resolver el misterio, dejé media cebolla que me sobró ayer en una esquinita de la nevera, donde no molestara, y esta mañana también ha desaparecido. Parece que esto funciona como una ley de causa-efecto. Como me entere de quién ha sido me encargaré de tirarle a la basura lo más rico que tenga al frío. Me vengaré de mi cebolla y mi leche desaparecidas. ¡Malditos privatizadores del espacio del nevera!

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