amor-odio

Y yo me pregunto… ¿Cómo es posible que después de casi 9 meses Dinamarca me siga produciendo las mismas reacciones de amor-odio?.

No me pararé a hablar sobre la anodinidad de mis últimos días aquí, donde lo más emocionante que ocurre es encontrarme a mis compañeros deambulando por la casa en calzonsillos; y no se si son emociones positivas (risa) o negativas (repeluz). El motivo de este post es el hecho de que Copenhague, de repente es la ciudad más bonita del mundo, incluso para mí; con sol, verde y florida por todos los rincones, y con el agua de los canales descongelada fluyendo. (Ya tiene sentido volver a cantar eso de “la corriente enseña el camino hacia el mar…”.) . Es curioso como la gente se lleva sus canoas y se pone a remar en medio de la ciudad.

La calle es un hormiguero. ¿Dónde estaba toda esa gente en invierno? Es un misterio. Para deleite de muchos y muchas, se ven miles de jóvenes papás daneses paseando carritos (para l@s tiern@s) y blondies imberbes enseñando la musculatura trabajada en el gimnasio (para l@s lujurios@s).

Pero… ahora que una puede ejercitar el único placer gratuíto, salir a pasear, sin que conlleve un riesgo elevado de sufrir hipotermia… ¡Aparece la alergia!. Después de toda una odisea encontrar un lugar donde vendieran líquido para las lentillas, supuse que en la misma cadena de ópticas (Synoptik) venderían también lentillas de 1 día, mucho mejores cuando se tiene conjuntivitis. ¿Qué me dice la encargada? undskyld, si quieres comprar lentillas te tengo que revisar la vista primero, y eso te va a costar: 400 kr!! (53 euros). Momento de odio a Dinamarca y su sistema que no permite el descontrol ni en el mínimo detalle de hacerme con unas malditas lentillas (¡En Holanda las compré en una especie de supermercado!).

En fin, que decidí ir a la farmacia a por un antihistamínico general a ver si surte efecto hasta que vuelva a casa y pase todas las revisiones que tocan. Con humor perruno volvía a casa (la de Kastrupvej), acordándome de aquel día en que me quisieron cobrar otros 50 euros por quitarme los puntos de una operación dental, y al final me los tuve que quitar yo con tijeras de cortar papel y pinzas de depilar las cejas. Pero entonces, una señora paró su coche y me pitó, diciendome algo en danés: La chaqueta se me había desprendido del bolso unos metros atrás y la mujer se había tomado la molestia de parar a decirmelo.

En fin… así es Dinamarca.

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