El árbol de la vida

Dice la Wikipedia, y yo la creo, que el árbol de la vida, un símbolo de la religión judía, está compuesto por 10 esferas y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo. Ligado a este intento de alcanzar la comprensión del origen de todas las cosas se encuentra el nuevo film de Terrence Malick, precisamente titulado: The tree of life (El árbol de la vida).

Ha sido todo un honor ver la película sólo unos pocos días después que los pocos privilegiados que asistieron al festival de Cannes, y un día antes de que la película se llevara la Palma de Oro. Por desgracia, en España la primera proyección no llegará hasta el 7 de Octubre.

Malick, siempre escueto en cuánto a diálogos, concentra el potencial de su obra en unas imágenes de gran belleza, combinación de producción propia, del documental HOME, videos tomados en el espacio y algunas imágenes hechas a ordenador (¡Los dinosaurios!)

Mejor tomar un café antes de entrar al cine, y permanecer bien despierto; nada de palomitas, a riesgo de atragantarse con el maíz cuando, explícita e inexplícitamente, flota durante toda la película la cuestión: ¿Señor, por qué? ¿Dónde estás? ¿Qué somos nosotros para ti?

El árbol de la vida abruma y desorienta, contando la historia de la evolución del mundo, el inicio de la vida y conectando con el tema de la existencia humana y de la muerte. En mi opinión no experta, es una obra de arte un poco pasada de rosca, que intenta sondear lo insondeable y dar respuesta a la existencia desde una pretendida universalidad religiosa monopanteísta. Idealista, también.

Yo eché de menos un recorte en la infancia del niño, una explicación mejor de su relación con el hombre que nos cuenta la historia desde sus recuerdos, un poco más de psicología y menos de religión. Una historia más ajustada a la medida humana…

En cualquier caso, por la música, por las imágenes (cascadas, y volcanes, y desiertos de sal); por la atención a los detalles (la mano que acaricia el viento, las luces y sombras, la vida de los objetos, los árboles que se elevan hacia el cielo), y por la captación de la infancia con una mirada auténtica, de niño… El árbol de la vida merece la pena, y mucho.

Consejo: Alta probabilidad de salir de la sala de cine con la sensación de ¿WTF?. Aconsejada una charla gafapástica para intentar entender los pequeños detalles.

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