Ni el polvo de mis sandalias

Como se pueden imaginar, estos últimos días de vivencia Erasmus una se plantea, bueno, ¿y ahora qué?. Como esa incógnica ya cuenta con respuesta, al menos a corto plazo, por esa enfermedad que tenemos algunos de vivir siempre con la vista puesta en el horizonte; lo siguiente que se pasa por la cabeza tras allanar un poco los pasos futuros es: ¿de qué sirvió?.

Los humanos y nuestras búsquedas de sentido para el pasado… Yo creo que a mí Dinamarca y su sistema me han enseñado no sólo las metologías de los trabajos, sino la forma de decir las cosas. Ya saben, un poco de protocolo. Además, me ha enseñado a estructurar no sólo los proyectos, sino mi forma de ver la vida. Aunque parezca extraño en una Erasmus, me ha frenado un poco, me ha hecho pensar y me ha inoculado una dosis infinita de paciencia. Ha sido como un gran salón de estética para limar las asperezas menos visibles, las más importantes.

Todo esto de forma moderada, sin cambiar en esencia mi gusto por un poquito de caos. Esa tendencia al desorden y a la espontaneidad que ha mantenido bien viva la sensación de ser extranjera, de que no pertenezco ni un poquito a este sitio. Desarraigo, lo llaman.

Me contaba un amigo, que como tantos no terminaron de encajar en esta pequeña sociedad-puzzle, que pensaba emular un episodio de leyenda cuando llegara su momento de marchar. La leyenda cuenta que Maria I de Portugal, la Reina Loca, emigró a Brasil junto a su familia cuando el pequeño Napoleón estaba haciendo de las suyas en la península ibérica. Cuando todo acabó y se preparaba para volver a lisboa, en lo alto del barco sacudió sus zapatos y dijo: “De esta tierra ni el polvo”.

En realidad he estado echando un ojo y la sensible María I murió en Brasil antes de poder regresar a casa. La famosa frase es atribuible a una leyenda mucho más aburrida sobre Santo Toribio que, llegando a Astorga, cuando salía hacia Jerusalén, se sacudió las sandalias pues eso, para no llevar de esta tierra ni el polvo.

En fin, lo mismo da la Reina Loca o Santo Toribio. No es que lo que espere en Portugal o Jerusalén (o en Españistán) sea mejor, es que es lo nuestro. Allí está aquello que nos da ganas de vivir. Pero dará igual sacudirse los zapatos que el polvo de la experiencia se debe de haber quedado bien incrustado, más allá de la piel y las vestiduras.

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3 responses to “Ni el polvo de mis sandalias”

  1. Vicky says :

    Silvia! felicidades por este post! cadi me gusta mas! dentro de poco te pido un post diario! si casi entro mas que al facebook! jajaja Por cierto, he de decir que me encanta esta frase: “Limar las asperezas menos visibles, las más importantes” y me voy a apropiar de ella y ponerla en mi estadoo ajjaja

  2. dragonflyjourney.wordpress.com says :

    Gracias vicky!!! 🙂 Me pido blog de tu experiencia erasmus tb eh? ya sabes!

  3. Valmi says :

    Espero que el fin del Erasmus, no detenga los escritos compartidos sobre las vivencias y cosas que pasan dia con dia y que aunque aveces parescan insignificantes traen consigo enseñanzas, o simplemente historias que nos evocan una sonrisa al mirar de reojo al pasado pero que nos empujan a seguir, es como la ruta, pasó…, pero a muchos nos dejo huellas imborrables y experiencias que evocamos en algunas nuevas circunstancias de la vida … :).
    Saludos Silvia desde el otro lado del Oceano :D.

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