Marrakech. Primeras impresiones.

Nada más llegar a Marruecos, una se da cuenta de que las cosas funcionan de forma diferente.

Del aeropuerto de Marrakesch a la Medina, la zona vieja donde está ubicado nuestro Riad, se puede ir en guagua o en taxi. El precio estándar son 150 dirhams, (15 euros), y aunque no parecen dispuestos a regatear, basta con irse en dirección a la guagua para que mejoren la oferta.

Perdidos en la ciudad, con la primera sensación de caos, acabamos pagandole 20 dirhams (dos euros) a un hombrecillo que se erigió como nuestro guía cuando, al preguntar en la casa de cambio sobre la dirección del hostal, un encargado nos ignoró y el otro nos entregó a él. La información no es gratis, al menos para los turistas. Por lo contento que se fue, palmoteando a Yannick en la espalda y deseándole Bon Voyage, supongo que le hemos pagado más que bien la pequeña caminata de 5 minutos.

El hostal es en realidad un Riad, un pequeño edificio tradicional reformado construido en torno a un patio. Está en una callejuela haciendo esquina con lo que promete ser lo más fascinante de Marrakesch, la plaza de Jemaa el Fna, declarada Patrimonio de la Unesco. A todas horas del día, pero especialmente al caer la tarde, la plaza de llena de puestos de especias, mendigos, camionetas de fruta (sandías gigantes), folclore, vendedores de globos, hombres con serpientes y monos que hacen volteretas y que son la viva imagen de la esclavitud quasi-humana. Merece la pena dejarse impregnar por el humo de la plaza, y comer por 25 dirhams (2,5 euros) un plato del tipico cuscús, con carne o con verduras, o tajín de pollo con verduras y papas. Los zumos de naranja natural por 4 dirhams (0,40) son el mejor remedio para miticar el calor y los tés de menta una excusa para sentarse en cualquier puestecito y obsevar las mil y una historias que se cuecen alrededor.

De momento, entre mis primeras impresiones y medidas de precausión se encuentran:
Tener cuidado de no ser atropellada por burros, carros de sandías, motos, bicicletas, camiones o guaguas a que parecen ollas a presión donde, como garbanzos, se cocina la gente al calor del desierto.
-Tener cuidado con las millones de personas que se ofrecen a guiarte. Te dicen que estas llendo por el camino equivocado, o que donde vas está cerrado y acabas en la tienda de su familiar o en cualquier otro sitio y por supuesto, tendrás que aflojar unos cuantos dirhams.
Negociar el precio, siempre. Disfrutar del regateo. Pero ser consciente que el hecho de entrar a una tienda y empezar a preguntar precios es caer en la tela de araña de los comerciantes (yo ya me he hecho con una pintura de camélidos en las dunas).
Los zocos son un laberinto que conviene evitar a ciertas horas del día.
Sacar fotos implica pagar al protagonista.

Lo mejor:

El ambiente de las calles.Grupos de mujeres, niños tatuándose en hena “Vivo Barca”, extranjeros, mercaderes que se echan la siesta en su oscura tienda de 2m2…
La gente siempre sonríe, con o sin dientes, y, aparte de pesados, son muy amables con los turistas.
-Aunque la mayoría de las mujeres locales van más tapaditas, al ser una ciudad turística, una puede enfundarse el vestido y nadie se hecha las manos a la cabeza.
-Es sorprendente la cantidad de idiomas que cacharrea esta gente: ¿Français? ¿Español? ¿English? ¿Deutch?. De repente hablan con Yannick en alemán y de repente me empiezan a hablar a mí en español sobre sus amigos de Galicia, y las playas de Canarias: “Mañana vienes. Si. Aquí mucha competencia por restaurantes.”

Lo peor:

Los dulces tienen un aspecto tentador pero por entre los escaparates sobrevuela y se posa en esos manjares un auténtico enjambre de abejas.
-Al estar prohibido el beber alcohol en la religión islámica, no parece una tarea fácil encontrar cervezas así que mi alemán tendrá que romper con sus rutinas.
-Un episodio desagradable. Caminando por los zocos un hombre con aspecto de bacteria, como el desdentado que aparece en la película de Aladino, le ofreció la mano a Yannick a saber con qué intención. Él le ignoró y el hombre-bacteriológico, ofendido, le gritó “bullshit” y esputó a través de su boca desdentada un lapo que vino a caer en mis pies descubiertos.

Mañana más 🙂

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One response to “Marrakech. Primeras impresiones.”

  1. Vicky says :

    para lo poquito que llevas por ahi la estancia parece que esta dando de bastante de si! jajaj Sigue disfrutando!! muuuuuuuuuuak

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