Bio

Bionade. Si a las abejas les gusta...

Si hay algo que a priori me dio buena impresión de mi suegra, eso es su gusto por los productos Fare Trade y, sobre todo, por los productos Biológicos. Anoche mientras veíamos una peli en su sofá, nos acercó una bolsa de nachos Bio con chili. Vamos, que esto de la ecología no es sólo para comedores de lechuga; en los snacks para paladares amantes del precocinado también existe la posibilidad del consumo responsable.

Pero este gusto por los productos biológicos no es algo singular en esa coqueta casa de Bruselas, sino una tendencia que tiene bastante fuerza en sitios como Alemania o los países escandinavos.

Creo que en España mucha gente, especialmente mayor, no entiende exactamente el significado de estos términos. De hecho, cuando le he dicho a mi madre que me encantaría que aquí también hubiera tantos productos Bio, a tan buen precio y en todos los supermercados me ha dicho que “no es necesaria tanta tontería”. Cuando le he explicado que básicamente se trata de productos cosechados de forma más similar a la tradicional, no transgénicos, sin tanta química y que además son más respetuosos con el medio ambiente, no ha dicho nada. Cuando he añadido que el resultado son productos con más sabor, tomates que no sepan a plástico y esas cosas, me ha dado la razón: “Eso si es verdad. Además yo noto que la gente ya va buscando más calidad en esas cosas”.

Lo mejor es que los productos Bio y los Fare Trade están íntimamente ligados. Fare Trade (o Comercio Justo) son aquellos productos que garantizan que en su proceso de producción no se ha producido explotación humana. Como, por ejemplo, sucede en algunas plantaciones del superconsumido café.

En mis viajes por Alemania y Dinamarca he percibido que la gente compra en cantidades mucho menores, pero invierte más en calidad. Proliferan los productos biológicos, ecológicos y del comercio justo. Especialmente los biológicos que, en el caso de Dinamarca, le declaraban la batalla a los convencionales hasta el punto en que la diferencia de precio entre uno y otro podía ser sólo de una corona. Nada, vamos.

El sistema se rige por el balance oferta-demanda. A más demanda, más competencia, menor precio. ¿No eran así las leyes que regían el mercado?.

Entonces, ¿Por qué no empezamos a demandar productos más saludable, más justo y más ecológicos? Si el hedonismo tira más que el altruísmo, aún quedan los argumento del sabor y la salud. Mi me conmigo también estará contento con ésto.

Quizás es hora (al menos para mí) de empezar a consumir con cabeza. Al fin y al cabo esa es la herramiento que tenemos más a mano para ir modelando el sistema en el que vivimos.

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