Las fiestas del pueblo

Carrozas con música canaria, niñas que aspiran a aprender que Confucio fue el inventor de la Confusión. Caramelos volando por los aires. Una representación de, ¿la sombra del viento? Con un personaje conocido del pueblo sentado en un váter ficticio. Qué recurrentes en el humor todas las situaciones que la pillan a una con las bragas bajadas.

Sonido de batucada. Espero volver el próximo febrero, para carnavales. Oscuridad. Se ven algunas estrellas. Ojalá el cielo de Madrid fuera como éste aunque, quién pudiera traerse aquí todos los luceros que insuflan luz desde el techo del desierto.

Fuegos artificiales. ¿No estábamos en crisis? Ay. Qué importa. Qué bonito.

Aplausos. Empieza la música. Regueton nuevo y clásicos de verbena de toda la vida. La mano arriba, cintura sola, da media vuelta…

Caras conocidas. Caras que recuerdan los peores momentos de la adolescencia. Y grupos de familias. Los amigos de mis padres. Personajes del instituto. Mi catequista, Romana, que ya no se acuerda de que un día yo fui su fiel pupila y monaguilla, y de que guardo un libro que me regaló, Ben Ur, entre las pilas de libros de mis estanterías. Restos arqueológicos de la inocencia.

La Iglesia, que estuvo cerrada y semi-destruída, ha vuelto a abrir. “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…” vuelve a vibrar en sus pétreas paredes. Una pena que bodas y comuniones no se celebren ya en la habitación anexa, acondicionada con un crucifijo, o en el teatro… al fin y al cabo es el lugar más adecuado para las actuaciones.

Amigas. Incorporaciones. Bajas. Viajes. Todo en movimiento. Y, sin embargo, en el pueblo, es cómo si no pasara nada. Las niñas de 15 años son yo cuando tenía su edad, vendiendo la carne en minipantalones ajustados a pesar del frío. Bebiendo hasta acabar llorando por lo que creen que es amor de su vida en cualquier esquina. Pobres diablas.

Vodka negro e historias. Una fábrica de historias que podrían clasificarse en la sesión de sucesos de un periódico o inspirar un libro truculento. Historias que destripan la humanidad, y la dejan al descubierto. Historias de amor en la más profunda miseria, desesperación y suicidios, droga y prostitución,

Me voy, que me he vuelto funcionaria de los días, visitante sólo ocasional de la vida noctura. Camino hacia el coche. Una punzada en los riñones. Nostalgia del pedacito de mi que está lejos. Mejor, así presto más atención a los otros pedazos.

Llego a casa, a medio camino entre el pueblo y la nada. Una farola hija de una campaña electoral rompe el embrujo de mis fantasmas infantiles, cuando el viento batía las ventanas y en mi mente el espíritu de los muertos trataba de asustarme. Ahora la oscuridad está jubilada. No hay espacio para los brotes de fantasía. Realismo. Materia.

El gato “dragón” se desvela con el sonido del coche al entrar en el garaje y me recibe con la cola ergida caminando hacia mi mientras su pancita bambolea muy cerca del suelo. Solo tiene un mes y me conoce desde hace dos días pero él y yo ya somos amigos para siempre. Me muerde la mano en señal de camaradería y ronronea.

Me quito el maquillaje y el vestido y el sujetador. Siento mi cama, que ha sostenido mi cuerpo abandonado por tantos años. Qué placer, el de volver a percibir los pequeños placeres. Qué ceguera de detalles a veces, afuera, con tanto ruido. Qué madriguera, qué microcosmos, mi pueblo y sus fiestas.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: