Be Japanese, my friend

No se ya ni cuantas crisis vocacionales he experimentado en el transcurso de Periodismo. Y debe ser un padecer muy común de mi generación y de mi rama de estudios. La próxima semana me matriculo en el último año de carrera y, ¿acaso la ecuación conocimientos adquiridos / tiempo dedicado da resultado positivo? Perdonen, he empezado por el lado romántico, aprender, formarse.

Ahora lo que nos preocupa a todos es la crisis. Somos los últimos pupilos de un sistema universitario obsoleto. Y para colmo la economía está en crisis. Y la precariedad laboral está a la orden del día. Probablemente conseguir un periodo de prácticas como becaria me va a costar nada, pero ¿y mi trabajo en el futuro?.

Ojeando los máster, el único que realmente me llama la tención cuesta 8000 euros, y esto se convierte en un ataque de pánico cuendo la familia apremia y avisa del cierre del grifo del dinero. Próximamente…

Ahora se me repiten a modo providencial las frases graves de Pedro Sorela en primero de Carrera: el título caerá del cielo. Si, el título que es como papel de culo.

Mi pregunta es: ¿Cómo puede un periodista sin enchufe huir de la precariedad laboral que se cierne sobre su cabeza? ¿Hay alguna llave milagrosa? ¿Algún máster que abra puertas? (algún máster que no apuñale impíamente mi raquítico bolsillo de estudiante).

De nuevo un episodio de insomnio, muy oscuro y confuso. Quién tuviera una maldita bola mágica para predecir el futuro… y entonces, por la mañana, una cita de libro para salvarme de la autoflagelación de por qué he sido tan poco práctica y de qué va a ser de mí:

“Así, ¿somos acaso civilizaciones tan carcomidas por el vacío que sólo vivimos en la angustia de la carencia? ¿Solo disfrutamos de nuestros bienes o de nuestros sentidos cuando estamos seguros de que disfrutaremos más aún? Quizás los japoneses sepan que sólo se saborea un placer porque se sabe que es efímero y único y, más allá de ese saber, son capaces de construir con ello sus vidas”. (La elegancia del Erizo, Muriel Barbery).

Habrá que intentar no sacrificar toda la luz del momento presente por la oscuridad con que se presenta el futuro cercano. Como decían nuestros abuelos: Dios proveerá.

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