Ryanair y el equipaje de mano

Escenario: … adivínenlo.

Sí. Un avión.

Una semana antes de volar: ansiedad e insomnio. Mi madre se asombra: “Mi niña, tantos viajes y cada vez más nervios”. Claro que sí, mamá. Que soy experta en retrasos, cancelaciones, roturas de maletas, pérdida de vuelos y hasta dos aterrizajes de emergencia. Pero lo del otro día ya rebasó límites.

Estaba en el aeropuerto, preparada para volver a Madrid. Cuando me acercaba a la entrada del avión me encontré con el simpático medidor de equipajes y una señora con cara de yogur caducado que le hizo facturar el equipaje de mano al tipo de delante porque llevaba por fuera, colgada al cuello, una cámara de fotos: ¡Sólo un bulto! Sonríe con malicia la vieja.

Yo llevaba mi carrito azul, que siempre me había acompañado sin problema en las aventuras lowcost. Entró y salió, eso sí, con esfuerzo. Cuando me encamino hacia el avión, escucho: “Si no entra y sale facilmente hay que facturar”

-Oiga, y ¿cuánto cuesta facturar?

Son 40 euros– canturréa la vieja.

Pero… Si es que ha entrado. No ha sido facil porque como la tapa es blanda se han ido las cosas al fondo y han hecho de tapón…

La miro, suplicante. Ella sigue revisando la facturación online de los pasajeros. Me ignora. Así pues, yo empiezo a caminar hacia el avión. Al fin y al cabo, el que calla otorga.

Con teatralidad, me deja avanzar unos pasos y, cuando casi desaparezco en la curva, en el pequeño corredor que va al avión, me grita: “¡Señorita! No crea que va usted a colarse. Deje aquí la maleta”.

Me doy la vuelta. Ella sigue revisando DNI y equipaje de los demás pasajeros. Ni me mira, ni me dice nada más. Suelto la maleta junto a las demás que han sido secuestradas y me voy al avión, echando chispas.

Una vez dentro, tras cinco minutos de inspiración-expiración, recuerdo: ¡Mierda! Tengo el ordenador dentro, sin forro ni nada.

Intento salir del avión, a contracorriente y una pasajera me para: “Oye, ¿eres tu la de la maleta azul claro?. Que fuerte, yo vi cómo te entraba. La han dejado en una esquina, para llevarsela a objetos perdidos.”

“¿Cómo?”. “Sí, sí. Que se han llevado todas las maletas a la bodega y la tuya la han dejado abandonada en un lado.

Hay momentos en la vida en que una pierde el sentido del ridículo. ¡Yo tenía que salvar mi maleta de las garras de esa vieja maldita! Empecé a correr hacia la puerta del avión en sentido contrario a los flujos de embarque: “¡Perdonen! ¡Por favor! ¡Tengo que salir!.

Cuando llego a la puerta intento explicarme: Mi maleta… objetos perdidos… la señora de la puerta… ¡¡Joder!!… mi ordenador… mis papeles…

Por supuesto, la azafata me dice que me siente y me calle. Los espectáculos a bordo de Ryanair sólo pueden ser de naturaleza comercial: “Una vez te subes al avión no puedes salir. Está a tope…”

Al final, una operaria me saca a regañadientes y me lleva al mostrador, el escenario de la emboscada, donde estaba la vieja:

Señora, usted no me dijo en ningún momento que tenía que pagar los cuarenta euros aquí, sobre la marcha. Usted sabía que esa maleta era mía y la tiró a objetos perdidos..

Estoica, la “señora” me ignora.

Airada, cojo mi ordenador, mis papeles de la matrícula y el alquiler y me acerco al mostrador. Una operaria me dice algo así como: “Te parecerá bonito, el avión está lleno de gente y estamos esperando por tí”. ¡Será p***!

La señora con cara de yogur ácido me dice dulcemente, imperturbable: “Son cuarenta euros”.

Que te embolses una buena comisión, y que te coman los bichos, me despido mentalmente.

Le pago y subo al avión, incrédula. Entre que vuelven a abrir la bodega del avión y vienen los cochecitos por segunda vez, sólo para transportar mi maleta, pasa más de media hora.

Qué divertido, he montado el numerito y además he retraso el vuelo. ¡Soy como las celebrities!

A la chica que ha tenido el detalle de decirme que habían dado mi maleta por huérfana de dueño se lo agradezco, pero pronto viene una azafata por detrás y me dice: “Bueno. Estas cosas pasan. Si te parece siéntate que ya no quedan muchos huecos libres y ya te traemos un vasito de agua” Y me empuja como si intentara meter en vereda a una cabra díscola.

El vaso de agua nunca apareció.

Ryanair, cada día me das más alegrías.

Links relacionados:
Aterrizaje de emergencia de Ryanair

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One response to “Ryanair y el equipaje de mano”

  1. Alejandro says :

    Que valiente eres y que falta de humanidad hay en este planeta, tal vez las compañias les obligan a dejar la mayor cantidad de dinero a su compañia o los corren

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