Presente spondylus

Las rutinas son un poco como las conchas spondylus para los antiguos moradores de Las Américas. Algo sagrado, por lo que una es capaz de sumergirse en apnea y hacer peligrar la salud de los pulmones que, como bien es sabido, necesitan aire.

Ahora la citada especie está en peligro de extinción, como todo lo que nos rodeada. ¿No les cansa a veces el ritmo cafeínico al que se suceden las cosas? Ayer me mandaba un amigo un video de Youtube en el que un tipo bien vestido, que se había insuflado una buena dosis de arrogancia, decía que en dos semanas volveríamos a tener otra crisis del Euro en Europa. Bancos de los principales países van a quebrar, alertaba.

Mientras tanto, Rajoy se ofrece como paliativo para las hemorroides que hemos sufrido en la anterior legislatura. De sus palabras, y de las de todos los medios, se deduce una victoria mucho antes de que los propios electores hayamos acudido a las urnas. Palabras huecas que hablan de los Españoles, en mayúsculas, y del futuro, como si en sus manos y en sus discursos mal pronunciados, en su barba blanca que esconde cicatrices y su pelo negro emulando juventud, se encontrara la resolución de los problemas que está generando el actual sistema económico.

Como todo en este mundo va sobre las previsiones, los vecinos del rellano comentan lo dificil que es y será encontrar curro, de lo que sea. En la facultad, la gente se lamenta de nuestro negro futuro como periodistas en un contexto lleno de intrusismo laboral y marcado por funestos cierres, fusiones y despidos. Estudiamos, trabajamos como becarios y aún buscamos tiempo para dedicarle a los idiomas, todo sea por sentir que estamos asidos a un flotador que nos ayudará a mantenernos a flote en el tan temido futuro.

Es octubre, y ha hecho calor. 30ºC. El cambio climático shace hueco también en las conversaciones. En el verano de un par de años, no quedará hielo en los polos. Va a subir el nivel del mar. Además, habrá crisis de recursos energéticos, y de alimentos… Dios mío, ¿Nos extinguiremos pronto?

Y es entonces, en ese contexto, cuando una se da cuenta de que no hay nada más sagrado que el presente y sus rutinas. Que el horror vacui que genera el futuro no es más que el miedo de perder lo que se tiene. Y que si se tiene hoy, y ahora, no hay motivo para dejarse devorar por el miedo; porque poco importa mañana si hoy una es feliz dando un beso de buenos días, organizando algún plan con los amigos y buscando en el google como cocinar una trucha arcoiris.

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