Toledo

Apenas me motivaba escaparme a Toledo, cuando el pronóstico, pensaba yo, podía reducirse a posibles lluvias y grandes cuestas. Será otra ciudad como cualquiera, pensaba. ¡Ay! La ignorancia…

Aquella mañana no empezó especialmente bien, teniendo en cuenta que nuestro vecino decidió convertir su casa de nuevo en un after hour de “chunda chunda”, y que Yannick se olvidó los bocadillos en casa, y que a cambio le dediqué una mirada poco germana. Luego colapsé una máquina de tickets por 0,02 euros, pero eso es otra historia.

A pesar de todo, cuando llegamos a Toledo la situación empezó a mejorar. Debe ser por la inesperada naturaleza poética de la ciudad, o por que el cielo decidió darnos una tregua o por que no había caído en el detalle de que la ciudad era pequeña, casi sin tráfico, y de que está flanqueada por el precioso río Tajo. ¡Silencio y agua! bienes escasos por la capital del reino.

La catedral, la Primada de España, que es la visita obligada de la ciudad, nos la perdimos por pura tacañearía. La vimos por fuera, y por dentro en el espacio de pocos metros cuadrados destinados a todos los que no estuviéramos dispuestos a gastarnos los 7 euros que vale destripar sus maravillas. Estas cosas deberían ser gratis para los estudiantes…

En fin, lo que sí nos permitió nuestro bolsillo fue disfrutar de las bondades del Zocotren, ¡Visitantes, turistas, amigos, esperamos que hayan disfrutado de la aventura”…

Bien sentados en el trenecillo, recorrimos todo Toledo sin sudar ni una gota y descubrimos algunas de sus leyendas. Historias de amor entre un cristiano y una mora, cuyo padre vengará la afrenta al honor de su hija, o de un cristiano con una judía que acababará degollada en un lugar donde hoy hay un puente por el que pasa el trenecillo.

Sin duda, la mejor es la que sigue. Dice la historia que “aquella” casa junto a la rivera del río pertenece al diamantero, que recibió un importante encargo del rey y como no podía por sí mismo, los duendes del río acudieron en su ayuda. Dicen que algunas noches, si se escucha con atención, se les escucha cantar bajo el río Tajo…

Toledo es fantasía, si… pero también y sobre todo Historia. Es la ciudad donde convivieron las tres culturas (judíos, moros y cristianos), cuna de traductores, y antigua capital mora y visigoda. En ella se pueden visitar las termas del antiguo antiguo Imperio Romano, iglesias, sinagogas, el magnífico Alcázar, la imponente catedral, o El Cristo de la luz, en sus orígenes una mezquita que presume de ser la más antigua del lugar.

Por Toledo se pasearon Leovigildo y Recaredo; los reyes católicos; el Greco, Bahamontes, y Garcilaso; y, según cuentan las historias, también el Cid Campeador y el Don Quijote de Cervantes.
Ahora mis pasos también los guardan sus piedras. Y más que guardarán, porque pienso volver a seguir descubriéndola 😉

Algunos datos prácticos:
Lugar de salida: Desde Madrid, las guaguas salen desde el intercambiador de Plaza Elíptica.
Compañía: Alsa ofrece un servicio aproximadamente cada media hora. Los tickets se compran directamente allí; para este trayecto no hay posibilidad de realizar reservas por Internet.
Precio: unos 9 euros ida y vuelta.
Duración del viaje: unos 50 minutos si va directo.

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