La flor que vende el cactus

En este mundo de colágenos y silicona hay manzanas brillantes y rojas que no saben a nada y hamburguesas del Mc Donald que se comen en una sala decorada con tomates y lechugas. Todo sea por engañarse a punta de ilusión óptica.

Para mi sorpresa, no se libran de la cirugía para las apariencias ni los cactus. Miren, después de que el verde exótico de uno de ellos se desnudara de los truco del betún y quedara pálido y triste, hoy he descubierto que la flor que exibía otro era puro plástico y pegamento. Al final, he tenido que pincharlos para ver si detrás de tanto emperifollo les quedaba algo de savia por dentro.

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