Segovia: del Acueducto al Alcázar

Hoy nos vamos de excursión a la ciudad de Segovia, en la Comunidad de Castilla y León. Nuestra ruta comienza en uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, en la plaza del Azoguejo, donde se encuentra el impresionante Acueducto Romano. Un simple vistazo basta para entender por qué la UNESCO declaró Segovia Patrimonio de la Humanidad. Para rematar la escena, como telón de fondo tenemos las montañas nevadas. Es una foto perfecta. Por desgracia la imagen no basta para apreciar los más de 800 metros de longitud y los nada menos que 170 arcos que lo componen.

Pero el encanto de Segovia no se limita a su acueducto. Con el mapa pegado a las narices, andamos por las callejas, sorprendidos por los fantásticos acabados de sus paredes. Nos colamos por la antigua judería y nos vamos topando con edificios que huelen a Historia. Nos damos cuenta de que hemos cambiado de era. Hemos aterrizado en la Edad Media.

De pronto, algo sobrecogedor capta nuestra atención: se trata de la Catedral de Santa María, conocida como “La Dama de las Catedrales” y que tiene el honor de ser, en España, la última expresión del gótico en su especie. Merece la pena entrar por su claustro, pero también por la presencia de obras de artistas tan notables como Churriguera o Berruguete.

Se nos empieza a abrir el apetito. El cielo amenaza con lluvia y huele a asado en las calles. Es el momento perfecto para llenar el estómago con cochinillo o lechazo asado (aunque sea media ración compartida, que si no, no nos llega el presupuesto). Para el postre, compramos en una pastelería unas yemas de Segovia. ¡Qué rico!.

Después de éste inciso, proseguimos nuestra ruta hacia uno de los rincones más imponentes: El Alcázar. Coronando el cerro, sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, se erige esta fortaleza, que fue la residencia de Alfonso X el Sabio y hospedaje de los Reyes Católicos. Su interior destaca por la abigarrada decoración de las techumbre, ventanales coloridos y muebles que guardan en su madera retazos de la Historia de España. También es posible subir a la torre, para atisbar a vista de pájaro la ciudad.

Empieza a caer la tarde. Se encienden las farolas y las gentes se transforman en sombras atemporales. Estamos atrapados por la atmósfera y no existe mundo más allá de sus piedras.

La caminata y el fresco han menguado nuestras energías. Llega el momento de volver a Madrid. Cuando arranca la guagua, sonreímos. Al otro lado de la ventana, la noche huele a nieve y Segovia ilumina el cielo.

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