Comida vegetariana y mantras

Si les apetece comer en un ambiente diferente les recomiendo el Centro Cultural Hare Krishna (ISKCON), en la zona de Tribunal (Calle del Espíritu Santo, 19)

Es un centro hinduísta donde la gente reza sus mantras y hace actividades como hatha yoga, bhakti yoga, talleres de música, etc. Digamos que… ¡por el lugar se sienten muy buenas vibraciones!

Además, todos los días a las 15.15 h se abre el comedor y, por 6 euros, se tiene acceso a una bandeja de comida vegetariana, pan negro y te.

El ambiente es especial: olor a incienso, pies descalzos y comida en el suelo sobre un cojín, junto al resto de la gente. Entiendo que no es un lugar que guste a todo el mundo, pero yo volveré y les animo a probar 🙂

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Doce monos

El director de cine Terry Gilliam ya me había regalado gratas experiencias con Brazil y The Fisher King. Cumplió con creces mis expectativas con Doce monos. Si no la han visto todavía, ya están tardando en hacerse con ella:

¿Qué diferencia a los cuerdos de los locos? ¿Es lineal el tiempo? ¿Está todo escrito? Una película para ver cuando se está bien despierto.

Segovia: del Acueducto al Alcázar

Hoy nos vamos de excursión a la ciudad de Segovia, en la Comunidad de Castilla y León. Nuestra ruta comienza en uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, en la plaza del Azoguejo, donde se encuentra el impresionante Acueducto Romano. Un simple vistazo basta para entender por qué la UNESCO declaró Segovia Patrimonio de la Humanidad. Para rematar la escena, como telón de fondo tenemos las montañas nevadas. Es una foto perfecta. Por desgracia la imagen no basta para apreciar los más de 800 metros de longitud y los nada menos que 170 arcos que lo componen.

Pero el encanto de Segovia no se limita a su acueducto. Con el mapa pegado a las narices, andamos por las callejas, sorprendidos por los fantásticos acabados de sus paredes. Nos colamos por la antigua judería y nos vamos topando con edificios que huelen a Historia. Nos damos cuenta de que hemos cambiado de era. Hemos aterrizado en la Edad Media.

De pronto, algo sobrecogedor capta nuestra atención: se trata de la Catedral de Santa María, conocida como “La Dama de las Catedrales” y que tiene el honor de ser, en España, la última expresión del gótico en su especie. Merece la pena entrar por su claustro, pero también por la presencia de obras de artistas tan notables como Churriguera o Berruguete.

Se nos empieza a abrir el apetito. El cielo amenaza con lluvia y huele a asado en las calles. Es el momento perfecto para llenar el estómago con cochinillo o lechazo asado (aunque sea media ración compartida, que si no, no nos llega el presupuesto). Para el postre, compramos en una pastelería unas yemas de Segovia. ¡Qué rico!.

Después de éste inciso, proseguimos nuestra ruta hacia uno de los rincones más imponentes: El Alcázar. Coronando el cerro, sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, se erige esta fortaleza, que fue la residencia de Alfonso X el Sabio y hospedaje de los Reyes Católicos. Su interior destaca por la abigarrada decoración de las techumbre, ventanales coloridos y muebles que guardan en su madera retazos de la Historia de España. También es posible subir a la torre, para atisbar a vista de pájaro la ciudad.

Empieza a caer la tarde. Se encienden las farolas y las gentes se transforman en sombras atemporales. Estamos atrapados por la atmósfera y no existe mundo más allá de sus piedras.

La caminata y el fresco han menguado nuestras energías. Llega el momento de volver a Madrid. Cuando arranca la guagua, sonreímos. Al otro lado de la ventana, la noche huele a nieve y Segovia ilumina el cielo.

La flor que vende el cactus

En este mundo de colágenos y silicona hay manzanas brillantes y rojas que no saben a nada y hamburguesas del Mc Donald que se comen en una sala decorada con tomates y lechugas. Todo sea por engañarse a punta de ilusión óptica.

Para mi sorpresa, no se libran de la cirugía para las apariencias ni los cactus. Miren, después de que el verde exótico de uno de ellos se desnudara de los truco del betún y quedara pálido y triste, hoy he descubierto que la flor que exibía otro era puro plástico y pegamento. Al final, he tenido que pincharlos para ver si detrás de tanto emperifollo les quedaba algo de savia por dentro.

Miseria y Arte en el Metro

El metro de Madrid es un lugar extraño. Vuela, dicen, y es uno de los mejores del mundo. No obstante, en ese mundo subterráneo, prolifera la miseria. Más ahora, con la crisis.

Está el mendigo que se mete en la línea circular, y dando vueltas y vueltas tiene la oportunidad de dormir un rato. Y el señor mutilado que pide dinero para él, calificándose como “pobrecito”. Está el argentino del pianillo eléctrico y su hija, que toca una “pieza” con una sola sola mano, porque la pobre no tiene muchas nociones de música. Está el evangelista que nos intenta convencer que la crisis es un castigo de Dios y tenemos que ir a la puerta del Sol a escucharlos, y a arrepentirnos.

A veces hay gente que casi te hace llorar, como un señor que hoy nos ha enseñado unas fotos de sus hijos, nos ha contado que ya no cobra paro y no tiene trabajo y lleva cuatro meses sin pagar su alquiler. Lo van a echar y, además no tiene que comer. “El fin de semana pasada se nos gastó hasta el azúcar. Mis hijos me dicen papá, cómo tu vas a pedir al metro. Y yo les digo pues, mis hijos, yo no estoy haciendo nada malo. Peor sería que hiciera como otros y me fuera a robar”.

Tanta mierda, y perdónenme la palabra, la deja a una con los ánimos por los suelos. Me gustaría que los políticos y “los mercados”, ese ente abstracto, se dieran un viaje en el metro para que vieran lo que vive la gente, a ver si cuando se compran el coche nuevo o se van a un hotel de lujo en Dubai les da, por lo menos, mala conciencia. A los especularores, los corruptos (políticos, empresarios y… ¡puede que hasta un miembro de la realeza!), los que se llevan el dineros a paraísos fiscales y se cargan el sistema público…

Por suerte, cuando entro en fase de indignación y empiezo a andar rápido y a enfadarme con el mundo (Si es que tenía razón Mafalda…); aún sin salir del metro, encuentro un motivo para sonreir. Porque a pesar de todo, incluso en medio de la miseria, hay un hueco para el arte:

El Imperfecto

Hoy les traigo una recomendación para ir de cañas por Madrid. Se trata de uno de tantos pubs de Huertas, pero éste tiene un toquecito especial; se llama “El Imperfecto”.

Su encanto radica en lo caótico de su decoración: peluches de Mr Bean y Los Simpson, maniquíes de madera articulados, póster de The Doors, el viaje de Chihiro, un mapa de La Palma, una bola del mundo y una tele habitada ayer por los simios de Franklin Schaffner.

¿Qué se puede pedir? Pues desde tés exóticos a chocolate caliente y, por supuesto, cócteles y demás bebidas. ¿Precio? Un tinto de verano con Martini, 2,50 euros; un chupito, 2 euros. Vamos, normalito.

¿Se animan a conocerlo?

Los edificios del siglo XXI

Hace unas semanas, los periódicos dedicaron sus portadas a la persona número siete mil millones y artículos sobre los retos que esto suponía para la sostenibilidad y el futuro de nuestro planeta. Se prevé un crecimiento exponencial de las ciudades y eso hace a los arquitectos exprimirse las neuronas en busca de una solución para comprimir a millones de almas en espacios limitados o para crear zonas verdes frente a la necesidad de un crecimiento en vertical de las ciudades. Algunos son realmente originales, les dejo por aquí el enlace a dos propuestas que, aunque parezcan de ciencia ficción, van camino de hacerse realidad:

-El Bosco Verticale de Milán

-El Rascasuelos de México

¿Se imaginan cómo sería vivir en alguno de estos curiosos edificios? 🙂